Vivir y no morir por el socialismo, según un socialista rumano

Historia

¿Vivir o morir por un ideal? Esa es una especie de alternativa que ha sido casi una constante histórica. Hoy queremos plantear la solución que nos propone un socialista rumano que vivió entre el siglo XIX y XX, Constantin Mille.

 

Pero antes que nada debemos dar unas pinceladas sobre su figura. Mille nació en diciembre de 1861. Fue periodista, novelista, poeta, abogado y socialista, sin olvidar su dimensión como luchador de los derechos civiles. Se implicó en la lucha por los campesinos y su emancipación, y participó en el Partido Socialdemócrata Obrero Rumano, además de publicar en distintos medios, especialmente en los adscritos a una izquierda, digamos, moderada, Adevarul y Dimineta. Fue diputado independiente en la Cámara de Diputados entre 1899 y 1900, acercándose a la figura de Tache Ionescu, un conservador social, convirtiéndose en un partidario de la entra de Rumanía en la Gran Guerra junto con la Entente. También escribió novelas.

El Socialista publicó un trabajo suyo en el número 379 del 9 de junio de 1893, que constituye nuestra principal fuente. Para Mille, cuando se quería apreciar a un hombre fiel a su ideal político o social, se decía que era capaz de morir por el mismo. Así pues, el colmo de la adhesión política era morir por un ideal. Pero eso sería erróneo. El colmo de la adhesión no era morir sino vivir para la realización del ideal. Ciertamente, había muchas muertes heroicas y se llegaba a ellas, en muchas ocasiones, sin que tuviera que ver nuestra voluntad. Pero también había quienes habían muerto de un modo heroico sin saberlo. No todos los que quisieran morir heroicamente lo lograban porque debían ser propias las circunstancias para que eso ocurriese. Mille no negaba que morir heroicamente no fuera grande, pero consideraba que el sacrificio de toda una vida de lucha era mucho más grande que morir como un héroe. Mille valoraba el trabajo constante, del día a día, la realización de una labor a la que no se le veía el fin, demoler a golpes de piqueta la indiferencia humana, ser objeto de insultos, de persecuciones, conquistar los amigos políticos hombre a hombre y mantenerlos unidos y disciplinados, no hacer caso de las intrigas y las calumnias, colocarse por encima de las pequeñeces humanas, que se destilaban cual veneno, vivir en la oscuridad y en la medianía, y morir sin ruido en un olvidado hospital, realizar y sufrir eso sin desanimarse, sin abandonar la lucha. Vivir por un ideal era, y siempre según nuestro autor, mucho más grande, más hermoso, que morir con estruendo.

Todo un canto al compromiso, como vemos, al trabajo constante sin alharacas por un ideal que, en este caso, sería el socialista.