Una parte fundamental de la historia política británica de la época victoriana tiene que ver con las reformas electorales encaminadas a ir, paulatinamente, ensanchando la base electoral del sistema. La historiografía más clásica ha visto en este proceso un modelo pacífico para llegar a la democracia sin los vaivenes y las violencias que se produjeron en la Europa continental, pero conviene matizar esta cuestión porque sí hubo violencia, especialmente, al principio, como lo demostraría la masacre de Peterloo (1819) y el camino fue muy lento, de un siglo, aproximadamente.