Prohibir partidos políticos
Publicado en Política
Las propuestas de perseguir y prohibir partidos políticos, que defienden la derecha y la extrema derecha, aunque no son iguales, no deja de preocuparnos por distintas razones.
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Las propuestas de perseguir y prohibir partidos políticos, que defienden la derecha y la extrema derecha, aunque no son iguales, no deja de preocuparnos por distintas razones.
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Insertamos el listado de partidos y organizaciones que la Ley de Responsabilidades Políticas de 1939 declaró como prohibidos:
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En el tardofranquismo apareció la cuestión de las asociaciones políticas, una aspiración de los sectores aperturistas del régimen, pero que, en realidad, no terminó de cuajar, como ningún intento serio de aperturismo en vida del dictador Franco. Como es bien sabido, en España no había partidos políticos. El franquismo siempre sintió un profundo e intenso odio hacia los partidos de cualquier tendencia política. En este sentido, el partido único FET y de las JONS nunca llegó a calificarse como tal, sino como Movimiento Nacional. En esta aversión deberíamos encontrar la principal causa del fracaso del proyecto de asociaciones políticas, porque podían ser contempladas como partidos, es decir, a aquellas organizaciones que, supuestamente, habían llevado a España al caos en la Segunda República, siempre según la interpretación franquista más ortodoxa.
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“En la República encontramos nosotros la salvación o el camino de redención del pueblo español, la ruta que conduce a su mayoría de edad, la ruta que conduce a vivir libre como él quiera, dentro de normas de derecho, de justicia y de paz, de paz en todas partes, pero una paz fundada en la ley, en la justicia, en el orden, que no sale de las manos del verdugo, sino del respeto a la justicia y al cumplimiento del deber.”
Azaña, en el Discurso inaugural de Izquierda Republicana (1934)
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En el reinado de Isabel II las principales tendencias liberales siguieron siendo la moderada y la progresista, nacidas ya en el Trienio Liberal, pero que se fueron convirtiendo en partidos políticos más organizados, aunque distintos a las organizaciones de masas del siglo XX, ya que eran partidos de cuadros y élites. También aparecieron otros partidos, como el Demócrata y la Unión Liberal.
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Aunque existían “partidos” en el Antiguo Régimen, referidos a facciones clientelares en las cortes de las monarquías absolutas, especialmente en el siglo XVII, que se vinculaban a privados, validos o ministros, en realidad, el origen de los partidos políticos estaría en los procesos revolucionarios liberales, iniciados en el último cuarto del siglo XVIII, con el precedente fundamental del parlamentarismo inglés. El derecho a participar en la política que trajo consigo el triunfo de la soberanía nacional generó la necesidad de articular las distintas posturas que aspiraban a estar representadas en los parlamentos en torno a organizaciones políticas con objetivos comunes. Así pues, los partidos terminaron por ser piezas básicas de la relación entre el Estado y la sociedad o, al menos, de la parte de la sociedad con derecho al sufragio. En el Parlamento inglés aparecieron los whigs y los tories, los primeros más partidarios del mismo, frente a los segundos más vinculados a la Corona. El siguiente paso se dio en la Revolución Francesa, surgiendo grupos, destacando entre ellos, los monárquicos constitucionales, los girondinos y los jacobinos, entre otros.
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Los partidos dinásticos del turno político del sistema de la Restauración –conservadores y liberales- estaban realmente muertos al terminar la Dictadura de Primo de Rivera.