La cuestión sobre si la masonería ha sido y es una sociedad secreta o una sociedad discreta ha sido ampliamente discutida a lo largo de la historia. En un trabajo publicado en la sección de «Notas varias» del primer número de 1933 de la destacada revista masónica española Latomia se plantearon algunas claves al respecto. La Iglesia, como ya hemos señalado anteriormente, condenaba el secreto y nosotros añadiríamos que también lo hacía el Estado. El artículo reconocía el derecho de cada uno a ocultar lo que pensaba, lo que hacía y lo que poseía, sin negar el derecho superior del Estado, una observación propia de gran parte de la masonería respetuosa con la autoridad. La revista masónica insistía en el derecho al secreto, especialmente en el «orden intelectual y moral». El secreto formaba parte de los cimientos del derecho moderno sobre la autonomía de la voluntad, la libertad y el derecho a la privacidad. Asimismo, en este artículo se quería dejar patente la diferencia entre el secreto y el disimulo, pues este último tendría como objetivo el engaño. En esta categoría se incluía el «fraude intelectual» como algo siempre reprensible a la misma altura que la mentira.