Lo profano en la masonería a propósito de una reseña bibliográfica

Mis reseñas y críticas de libros

Si alguien cree que una reseña de un libro es simplemente un ejercicio poco interesante y que, en ocasiones, se hace para promocionar las ventas de un amigo, debería reflexionar sobre el hecho de que, sin negar que pueda haber algo de eso en algunos casos, también puede ser un estímulo muy importante para aventurarse en la lectura de un libro, aunque en este caso el propio autor de la obra es ya de por sí una autoridad y una eminencia que ya constituye un estímulo propio para leer su obra. Pero también es cierto que no conocía el libro porque uno ya no da abasto con todo lo que se publica, pero, menos mal que el autor de la reseña, el también sabio Juan José Morales Ruiz, me la ha hecho llegar y nada más leerla me he animado a hacerme con el libro.

 

Pero, ¿de qué autor y de qué libro estoy hablando? Pues de uno que no acaba de salir, sino que lo hizo en 2022 en la fundamental editorial Masónica.es. El autor es uno de los máximos especialistas en la historia de la masonería española, Pere Sánchez Ferré, y el libro se titula Tradición iniciática y elementos profanos en la masonería contemporánea. Cómo la modernidad desfiguró el lenguaje simbólico de la Orden.

El libro trataría, si he entendido bien la reseña, porque, insisto, no lo he leído y estoy siendo un osado sin perdón, de cómo lo profano inundó los templos masónicos españoles y eso alteró el sentido de la masonería. Bien es cierto que a los masones españoles les ha movido siempre un noble propósito en favor de las libertades, del librepensamiento, de la igualdad, de la verdadera tolerancia en un país como el nuestro en que ha habido muchísimo que luchar y sufrir para alcanzar esos valores. Y por eso, al parecer, transformaron los símbolos y las enseñanzas masónicas desde el punto de vista profano, intentando arrinconar lo tradicional considerado como malo o superable, un poco porque lo tradicional en el mundo profano, representado por fuerzas, organizaciones y sectores ajenos al progreso, debía ser reformado y cambiado. Y eso habría tenido una consecuencia nada positiva para la masonería porque se habría desvirtuado, como ocurriría con su politización, un hecho evidente en el propio siglo XIX y en el XX. El procedimiento debía haber sido al revés, es decir, la interpretación o lectura masónica del mundo, y no el mundo entrando en el templo, intentando cambiar los símbolos y sus significados, la herramienta fundamental del masón, y que se habría hecho, insisto, para intentar actualizarlos para quitarles el supuesto polvo de la tradición, llegando a un momento en el que la masonería se habría vaciado de contenido. Un capítulo fascinante del libro debe ser el dedicado al análisis concreto de los símbolos fundamentales de la masonería y de cómo se habrían transformado hasta llegar al presente. Y digo fascinante porque el autor es, como decía antes, una verdadera eminencia.

Prometo leer el libro y matizar estas observaciones que interpreto por la reseña de Juan José Morales. Pero tengo que reconocer que es un asunto que me interesa mucho y me llega desde mi condición de masón y también de persona comprometida en el mundo en el que vivo. Cuando me inicié entendí que la masonería no era una organización anquilosada u obsoleta, una reliquia del pasado que se debía poner al día. Por eso he huido siempre de logias u obediencias que no trabajasen adecuadamente el rito correspondiente, además de exigirme, no siempre con éxito, una disciplina importante. Un verdadero masón se deja los “metales” en la puerta del templo y hace masonería para saber, conocer, pensar y ser mejor con sus herramientas y con los símbolos, dentro del templo y luego fuera, pero debe entender que sus compromisos en el mundo profano del signo que sean deben realizarse en ese mundo profano, eso sí, siendo mejor gracias a la sabiduría masónica, pero sin que eso deba alterar las esencias de los símbolos y sus enseñanzas.

Este libro hay que leerlo y desde estas páginas agradezco la reseña a su autor y que tuviera la amabilidad de remitírmela.