Individualismo y socialismo, según Manuel Sales i Ferré

Historia

Manuel Sales i Ferré (1843-1910) fue un sociólogo, historiador y arqueólogo. Comenzó sus estudios en el Seminario de Tortosa, para luego pasar por diversas universidades, consiguiendo la cátedra de Geografía Histórica de la Universidad de Sevilla en el año 1874. Tres años después sacaría su libro Filosofía de la Muerte, a partir de textos de su maestro Julián Sanz del Río. Después publicaría más textos de Sanz del Río, especialmente estimulado por Fernando de Castro. Terminando el siglo se trasladó a la Universidad Central en su cátedra de Sociología. Fundaría en Madrid el Instituto de Sociología. Publicó numerosas obras de arqueología.

 

Pues bien, en julio de 1911 realizó una serie de reflexiones sobre el individualismo, con una aportación final sobre el socialismo, en Vida Socialista, que queremos glosar en esta pieza.

Para Sales i Ferré la sociedad “timocrática”, es decir, añadimos nosotros, la que se sustenta en el gobierno de los que tienen, se habría transformado de forma evidente gracias al aumento de la riqueza. Se habrían producido descubrimientos científicos evidentes y a gran velocidad, la producción también habría experimentado un asombroso crecimiento, como el propio capital. Pero esa prosperidad, en realidad, no habría proporcionado bienestar, porque solamente unos pocos se beneficiaban de esa riqueza, frente a una mayoría que vivía en la miseria. En vez de la igualdad y la libertad prometidas, de nuevo la opresión y la servidumbre imperaban, eso sí, agravadas ahora por lo que el autor hablaba de relajación de los vínculos sociales.

Y eso era achacable al individualismo, a la lucha en donde la justicia y la piedad se convertían en obstáculos para el triunfo. Los modestos comerciantes y productores sucumbían absorbidos por los más grandes. El capital se unía para buscar el monopolio en la producción y en la distribución, y habría surgido una suerte de feudalismo industrial, peor que el medieval. Los Gobiernos, por su parte, se preocupaban de aumentar los valores bursátiles, contrayendo empréstitos, derivando en el surgimiento de lo que denominaba “bancocracia”.

Pero también habría un feudalismo político con elecciones convertidas en una especie de mercado y hasta en comedia, con tráficos de influencias, nombramientos de cargos públicos como recompensa por prestaciones de servicios personales o partidistas, con una administración desmoralizada, la justicia cohibida, e imperando la arbitrariedad.

La acción conjunta de los feudalismos habría roto a las naciones porque habría generado dos clases. Arriba estaría la plutocracia que gozaba y sacaba provecho de todos los descubrimientos de las ciencias y del ingenio, y de las maravillas del arte. Abajo, en cambio, estarían los trabajadores, sumidos en la ignorancia, y condenados para siempre al salario del hambre, conociendo no más que una vida de privación y sufrimiento.

El individualismo habría llevado a las naciones al borde del precipicio. Para el autor las sociedades habían retrocedido, y corrían el riesgo de ser disueltas como en el pasado. Lo que había cambiado era el “agente destructor”. Si antes había sido la ambición de los señores feudales, ahora estaríamos hablando del “desaforado egoísmo de los señores capitalistas”. Nuestro protagonista decía que en ese pasado las naciones habían sido salvadas por la Iglesia, pero se preguntaba si podía hacerlo en el presente, pero le parecía dudoso porque no había podido contener el desarrollo del individualismo, y segundo porque ya no representaba lo que antes sí, y que sería una especie de ideal social y político. Así pues, se preguntaba quién sería el salvador. Pues la sociedad misma, mediante un movimiento de reacción que ya habría comenzado, y que no era otro que el socialismo.

Sales i Ferré quería hermanar la libertad del individualismo con la solidaridad del socialismo. Y ese era el problema de la sociología, y que ella solamente podía resolver porque el problema no era solamente económico, aunque fuera el aspecto más visible y apremiante. Era un problema que abarcaba otros aspectos: el familiar, lo artístico y científico, la moral, la religión, lo jurídico, lo político, en fin, lo social.

Hemos trabajado con el número del 9 de julio de 1911 de Vida Socialista.