El integrismo y la España antimasónica a fines del XIX

Historia

La Editorial Apostolado de la Prensa publicó en 1899 un libro con el significativo título de Sacrílegos y traidores: la masonería contra la Iglesia y contra España. Al terminar el libro (páginas 54 y 55), se afirmaba que España era la nación más antimasónica del mundo, planteando el razonamiento fundamental del pensamiento tradicionalista e integrista sobre la identificación del país con la religión, y que luego heredó el franquismo.

 

Así pues, según este pensamiento la nacionalidad española había sido “amaestrada con sangre de héroes y de mártires”, y se aludía a la unión entre la cruz y la espada. España al ser cristiana tenía que ser, en consecuencia, antimasónica.

Por eso, el episcopado español a raíz de la encíclica Humanum genus sacó distintos documentos, y fomentó la adhesión al Congreso antimasónico de Trento. Debemos recordar que la encíclica (1884) fue obra de León XIII, donde atacaba a la masonería y a sus principios ideológicos, especialmente en lo referente a la secularización, y que el Congreso tuvo lugar en dicha ciudad del Tirol italiano en septiembre de 1896, y donde, se habría aplaudido la iniciativa de Vázquez de Mella para que la masonería fuera declarada “ilegal, facciosa y traidora a la Patria”, impidiendo que los masones pudieran acceder a los empleos públicos.

Pero esas no habían sido las únicas acciones promovidas por la Iglesia, ya que también se había acudido a la prensa para denunciar a la masonería, se estaban organizando ligas de plegarias en Mallorca y Menorca, queriendo extenderlas por toda España, sin olvidar que quería poner en práctica lo dispuesto en el Congreso antimasónico.

En conclusión, para el texto se trataba de una obra “esencialmente religiosa y patriótica” y al Episcopado competía la iniciativa y la dirección, seguramente queriendo decir que el poder político no hacía nada.

Pero, es más, el libro consideraba que el pueblo español había respondido a estas campañas con un entusiasmo general. Se habían mandado muchas adhesiones al Congreso, y en eso se había destacado la diócesis de Barcelona. En dicho Congreso, además, había sido un gran protagonista el obispo de Menorca, Salvador Castellote.

Otra de los frutos del antimasonismo hispano habría sido la creación del Diario Catalán en Barcelona, dedicado casi monográficamente a esta tarea, y que había sido felicitado por el secretario de Estado del papa. Por nuestra parte, sabemos que salió en 1891 y duró hasta 1903, como continuador de un anterior diario integrista, y que dirigió Joaquín Coll i Astrell, aunque al salir para la redacción del madrileño El Siglo Futuro, dejó la dirección en manos de Juan Santiago Griñó.

El capítulo terminaba con un aliento a la lucha sin tregua contra la masonería. En otro artículo hablaremos de los medios que el integrismo quería desplegar para esa lucha.

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