Trifón Gómez sobre la influencia del socialismo en la paz mundial (1944)

Historia

Trifón Gómez (1889-1955) fue un activo sindicalista y político socialista. Secretario General del Sindicato Nacional Ferroviario de la UGT entre 1918 y 1934. También presidió la Casa del Pueblo de Madrid entre 1927 y 1933. Fue vocal de la Comisión Ejecutiva de la UGT (1920-1932), además de su secretario adjunto entre 1932 y 1934. En 1931 sería elegido concejal por Madrid, además de diputado, siendo reelegido en las elecciones de 1933. En el exilio aumentó aun más su compromiso. En el exilio francés reorganizó la UGT, siendo elegido su presidente, una responsabilidad que mantuvo hasta su fallecimiento. Fue presidente de la Comisión Ejecutiva del PSOE en marzo de 1951. También estuvo en el sindicalismo socialista internacional, y llegó a ser ministro de Emigración en los años cuarenta en un Gobierno de José Giral. Murió en México.

 

En octubre de 1944, recuperado El Socialista, Trifón Gómez reflexionó sobre el papel del socialismo en la paz, que glosamos en esta pieza, sobre su trabajo del primero de octubre de ese año.

Gómez comenzaba su análisis explicando que cada vez que se declaraba una guerra, especialmente de gran alcance, los detractores del socialismo y los enemigos de la clase trabajadora organizada se apresuraban a extender el acta de defunción de los ideales del mismo, marcando, además, una especie de camino o ruta que los trabajadores debían seguir para mejorar su condición de explotados.

En ese sentido, recordaba la campaña contra la Segunda Internacional y los partidos socialistas al declararse la Gran Guerra. La campaña de difamación desde la prensa se habría basado en que entre las finalidades que perseguía la Internacional y los partidos socialistas había figurado la de poner término a los conflictos armados entre los pueblos y como no habían podido impedir la guerra ni en Europa ni en el resto del mundo, tanto una como los otros habían fracasado, y con ese fracaso se habría hundido el socialismo.

Ya refiriéndose al conflicto en el que todavía se vivía, es decir, la Segunda Guerra Mundial, explicaba que los principales responsables de la misma habían sido los “regímenes nacionalistas”, que con su propaganda de menosprecio hacia otros países habían creado un clima apropiado para un conflicto armado. No habían sido los obreros organizados ni los socialistas, trabajando incansablemente en sus respectivas Internacionales por establecer lazos solidarios y de comprensión entre los hombres, quienes habían actuado a favor de la guerra. Parecía estúpido atribuirles responsabilidad en la declaración de la guerra, sencillamente por no haber tenido la suficiente influencia para evitarla. Y en ese momento, cuando escribía, que parecía que esos regímenes causantes de la guerra estaban siendo derrotados y se aproximaba el momento de la paz y de asegurarla para un plazo largo de tiempo, se escuchaban argumentos y se proponían métodos que los socialistas habían desarrollado ya hace mucho tiempo con el fin de establecer la seguridad colectiva.

A un período de exaltado nacionalismo, como el que se había padecido durante unos quince años, causante principal de los sufrimientos que la guerra traía consigo, iba a suceder, vaticinaba nuestro autor, otro de internacionalismo en el que los socialistas y la clase obrera organizada estaban llamados a desempeñar un papel importantísimo porque significaba el premio merecido a su posición internacional que concordaba con la que debía ser la guía de la organización internacional que se estaba estableciendo. Pero, además, porque nadie tenía más méritos y preparación en el orden moral que los socialistas y los trabajadores organizados para vigilar la conservación y la mejora de esa organización, que serían las Naciones Unidas, interpretamos nosotros.

Trifón Gómez insistía mucho que los métodos por la organización de la paz que se estaban dando tenían un claro sello socialista, por mucho que lo negaran los enemigos del socialismo. Pero eran los socialistas y los trabajadores organizados los que habían luchado para inclinar la balanza del lado de la justicia.