Unión y disciplina, en Wilhem Liebknecht
Acudimos a un verdadero clásico de la socialdemocracia con un texto sobre la unión y la disciplina en relación con la organización, principio casi sagrado para el movimiento obrero de signo socialista, si se nos permite la expresión, y como hemos visto repetidas veces para el caso español:
El texto: “Unión y disciplina
¿Será preciso probar las ventajas de la unión? Si se habla del aire, del cual vivimos; de la luz, que nos ilumina, ¿habremos de demostrar las ventajas y bienes de uno y de la otra? La necesidad de la unión para la acción es un lugar común, axioma tan viejo como la Humanidad. ¿Quién ignora que unión es fuerza? No es, pues, la unión problema que discutir, sino verdad que realizar, deber que cumplir. Se nos ha presentado como teniendo la unidad mecánica, una organización basada en la obediencia ciega. ¡Calumnia! La organización mecánica es organización de esclavos. Tenemos lo que debemos tener y lo que nunca será bastante perfecto: la organización orgánica de los hombres libres, con la disciplina del deber y del sacrificio. Y esta unión, esta organización y esta disciplina las tiene quien quiere. Y la unión da la victoria.” Así pues, no parecía necesario explicar la necesidad de la unión para la acción; sería como un lugar común. La unión no sería un asunto para discutir, sino para realizar, para ponerse manos a la obra. Pero no se trataría de una unión u organización mecánicas, porque eso era de esclavos, sino de hombres libres, es decir, aceptada por los que compondrían esa organización. La unión sería, por fin, la premisa clara para la victoria.
Wilhelm Liebknecht es un personaje clave en la compleja historia de la fundación de la socialdemocracia alemana. Nació en Giessen en 1826. Tuvo una destacada participación en la Revolución de 1848, siendo uno de los que proclamó la República en Baden. Pero la represión del movimiento revolucionario le llevó a la cárcel y luego al exilio en Suiza, para pasar a Londres. Allí tuvo un encuentro decisivo en su vida porque conoció a Marx. En el año 1861 marchó a Prusia donde divulgó las ideas marxistas enfrentándose a Bismarck y protagonizando una disputa con Ferdinand Lassalle, al acusarle de colaborar con el canciller. Tenemos que tener en cuenta que 1863 se había fundado la Asociación General de Trabajadores Alemanes, que lideraba Lassalle en Prusia, y que tenía un marcado carácter reformista intentando que el gobierno adoptara alguna de las propuestas. Wilhelm Liebknecht fue uno de los fundadores del Partido Obrero Socialdemócrata de Alemania en 1869, siendo uno de sus líderes, junto con Auguste Bebel. La nueva formación había nacido al calor del asociacionismo obrero sajón. En ese mismo congreso fundacional se aprobó el Programa de Eisenach, adoptando el marxismo y vinculando la formación a la AIT. En el programa se exigía el sufragio universal masculino, la separación entre la Iglesia y el Estado, la creación de una milicia popular, la abolición del trabajo infantil, la reducción de la jornada laboral, la implantación de un sistema fiscal progresivo y el apoyo del Estado al movimiento cooperativista. Al final, las dos organizaciones socialistas alemanas tendieron a converger, a pesar de las diferencias geográficas e ideológicas. Eso ocurrió en el Congreso de Gotha donde nació el Partido Socialdemócrata de los Trabajadores, y se adoptó el Programa de Gotha, donde el peso del marxismo fue mayor que el del reformismo, aunque eso no impidiera que Marx y Engels lo criticaran porque consideraban que no atendía al sindicalismo, no incidía en el internacionalismo y, sobre todo, porque el programa defendía que Estado era un instrumento neutral por encima de la lucha de clases. Wilhem Liebknecht fue parlamentario en el Reichstag entre 1867 y 1870, y luego entre 1874 y 1900. Desde la tribuna parlamentaria fue un firme detractor de la guerra, como lo demostró cuando estalló la guerra franco-prusiana, el último episodio bélico en el proceso de unificación alemana. Escribió artículos y folletos y fue editor del Demokratisches Wochenblatt. Murió en Charlottenburg (Berlín) en agosto de 1900.
Hemos consultado el número del 2 de junio de 1912 de Vida Socialista.