Un canto a la emancipación por Felipe Carretero

Historia

El santanderino Felipe Carretero Merino fue uno de los fundadores de la Agrupación Socialista de Bilbao, destacándose en el ala moderada de la misma frente a la liderada por Facundo Perezagua.

 

Después de un proceso consiguió que las autoridades permitieran que fuera concejal por Bilbao, ya que así lo expresaron las urnas de 1897, porque al no pagar contribución había sido incapacitado, un problema que fue común entre muchos compañeros socialistas en las elecciones reñidas de los años noventa del siglo XIX en la capital vizcaína, generando no pocos conflictos, ante el temor de las autoridades y de las fuerzas políticas dinásticas de que los socialistas se hicieran fuertes. Posteriormente, ya en el siglo XX, Carretero sería elegido varias veces, y llegaría a actuar como alcalde eventual en diciembre de 1917. Tuvo muchos problemas con las autoridades por su decidido compromiso socialista, especialmente por su participación en un mitin en Ortuella en junio de 1898, que le valió una condena que terminaría cumpliendo a pesar de haber marchado, en un principio, a Francia para evitarla. En línea con su moderación dentro del socialismo vasco y español, fue partidario de la colaboración electoral con los republicanos en la consulta que el PSOE realizó en 1903. En Bizkaia defendió esta postura en las elecciones locales. Llegaría ser presidente de la Federación Socialista de Bizkaia. En tiempos de la Dictadura de Primo de Rivera volvería a ser perseguido, aunque sin consecuencias finales. Murió en 1937.

Pues bien, en el Almanaque de El Socialista para el año 1928, nuestro protagonista realizó un canto en favor de la emancipación que queremos recordar en esta pieza.

Nadie se redime si no quiere hacerlo, en cualquier orden. Los trabajadores no se emanciparían de la esclavitud en la que vivían si no ansiaban emanciparse. Así de contundente comenzaba Carretero su texto. El régimen social, injusto e inhumano, en el que se vivía subsistía porque los explotados no querían que desapareciese.

Carretero exponía que la mayoría de la clase supeditada a los caprichos del capital se mostraba indiferente ante la explotación de la que era objeto, creyendo que había una especie de ley natural o divina que obligaba a permanecer en el estado de sometimiento. Por eso, hacía la pregunta a los indiferentes sobre cuál era la razón por la que al obrero se le despojaba de gran parte de lo que producía al recibir un salario que era insuficiente para atender a sus necesidades y de las de su familia. Y cuando se hacía mayor era albergado en uno de tantos “asilos-presidios” que funcionaban, caso de haber lugar para recibirlo. Esas eran las perspectivas de la vida del obrero, pero no parecía que fueran suficiente acicate para despertarle, para luchar por su mejoramiento, para libertarle de tanta tiranía y tanta miseria. Los estados de cosas no eran fruto de la naturaleza, sino de los hombres. Ellos habían creado el régimen de vida actual, pero de igual modo podían suprimirlo por otro más justo y equitativo, más humano. Al régimen capitalista debían sustituirle uno socialista donde debían preponderar la satisfacción de las necesidades humanas, el interés colectivo sobre el individual en la economía.

Y eso no implicaba la anulación de la individualidad porque destacaría en unión de las demás, en el orden y funcionamiento del conjunto social.

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