La creación del Partido Obrero Belga según Rodolfo Llopis
Rodolfo Llopis explicó la historia del Partido Obrero Belga en el número de mayo de 1935 de la revista Leviatán. Nos interesa ese trabajo y en esta pieza explicamos el origen de la formación según lo explicó el socialista español.
El Partido Obrero Belga nació en la Casa de las Corporaciones, en la botillería “El Cisne”, en el centro de Bruselas, en la Grand Place, el 6 de abril de 1885. Pero eso no quería decir que no hubiera antes movimiento obrero y socialista. Existía, y la fundación del Partido lo que pretendería había sido unificar las fuerzas obreras que ya se existían. En la propia Bruselas el primer mitin obrero del país se había celebrado en 1835.
Bélgica se convirtió en el siglo XIX en un país que acogió a muchos refugiados políticos y eso influyó en su movimiento obrero. De Francia llegaría el italiano Buonarroti, es decir, el discípulo de Babeuf. Del mismo país habían llegado los saintsimonianos y los seguidores de Fourier y sus falansterios. También hubo influencias británicas, especialmente en los ámbitos sindical y cooperativista. De Alemania llegarían aspectos doctrinales e ideológicos. En ese sentido, Marx y Engels vivieron en Bruselas en 1846 y allí se formaría el grupo de los comunistas alemanes. En cierta medida, la posición geográfica central belga en la Europa occidental y una geografía, digamos, fácil, posibilitaron que penetraran las influencias de sus importantes vecinos. A Bélgica llegaron muy pronto los ecos del 48 francés, la fundación de la AIT en Londres en 1864, y los destellos de la Comuna parisina.
Pero también hay que tener en cuenta la realidad social y laboral de los obreros belgas, las duras condiciones en las minas, y que padecían también mujeres y niños, sin olvidar la miseria campesina. Constituyó el perfecto caldo de cultivo para que la propaganda fuera eficaz. En Gante surgiría muy pronto la primera cooperativa en panadería. También empezarían a funcionar las primeras mutualidades, y hasta las primeras ligas obreras y las casas del pueblo.
La rapidez en organizarse de los obreros belgas constituye un hecho evidente, pero había mucha desunión y atomización. Y ahí estaría el origen del Partido. Entre el 5 y el 6 de abril de 1885 tuvo lugar la reunión a la que hemos aludido al principio de nuestro texto. Acudieron 112 delegados que representaban a 59 grupos. Había metalúrgicos, mineros, tipógrafos, mutualistas, librepensadores y socialistas. La reunión fue presidida por Louis Bertrand. Al parecer, hubo unanimidad en la idea de que había que unificar el movimiento proletario, y se acordó la fundación de la formación política, aprobando la siguiente declaración:
«El Partido aspira a conseguir para todos los obreros los derechos políticos y el bienestar de que hoy en día carece. Esos derechos y esas ventajas no pueden conquistarlos los obreros más que por sus propias fuerzas. Por eso el Partido se compondrá exclusivamente de asociaciones obreras.»
La cuestión era cómo debía denominarse el Partido. Al parecer, la mayoría de la asamblea deseaba que fuera el Partido Socialista Belga, pero había una minoría a la que le asustaba la denominación de “socialista”. El ponente, De Paepe, llegó a afirmar que la palabra podía constituir un obstáculo, y se decidió que sería el Partido Obrero Belga. Llopis era crítico con esta decisión en su artículo. Después de afirmar que el espíritu conciliador era propio del espíritu belga, afirmaba que la conciliación acabaría desfigurando las cosas. Por eso, tanta conciliación haría afirmar a Paul Lafargue, “entre enojado e irónico”, la afirmación de que existía “una falsificación belga del marxismo”.