Los metales
Para los masones los metales son los signos exteriores de riqueza y todas las pasiones humanas, por lo que deben dejarse fuera del templo cuando se va a iniciar una tenida. Además, cuando el profano va a entrar en la Cámara de Reflexión antes de la iniciación dejar esos metales porque todo lo profano y material debe dejarse atrás y no valen para la iniciación. Al despojarle de los metales queda en un estado primigenio o de «materia prima», con el fin de comenzar su proceso.
Por otro lado, los metales tienen su propia simbología. En todo caso, es interesante observar que el aspecto impuro que casi todos presentan en su estado primigenio hizo que los judíos los prohibiesen en la construcción de sus altares, y el propio Salomón prohibió que hubiera metales mientras se construía el Templo.
En todo caso, como decíamos, los metales tienen su propia simbología: el oro es el sol y el corazón; la plata son los intestinos, y la luna; el mercurio, es el propio mercurio y el hígado; el cobre es Venus, y el estómago; el hierro sería Marte y el riñón; el estaño es Júpiter y la frente; y, por fin, el plomo sería Saturno.
Uno de los oficios más importantes de todas las culturas y de las tradiciones es el de los herreros porque serían los encargados de perfeccionar la obra de la naturaleza, purificando y transformando la materia a través del fuego, lo que tiene su clara dimensión alquímica. Sacan el metal del mineral tosco. Sus herramientas son también importantes. La fundición no podría dejar de aparecer en los ritos iniciáticos porque el metal se transforma, como una persona que se inicia. Si el herrero en la fundición saca el metal puro, en la iniciación sale el espíritu, la virtud. La fundición es la iniciación, la inmortalidad.