El socialismo para Juan José Morato en 1931

Historia

Cuando Juan José Morato sacó su libro, Pablo Iglesias, educador de muchedumbres, en la colección de “Vidas españolas e hispanoamericanas del siglo XIX”, en Espasa Calpe, el periódico El Socialista le realizó una entrevista donde habló de los “tiempos heroicos” del socialismo y de los problemas que tenía que afrontar la República.

 

Si en una pieza anterior estudiamos su visión de los primeros socialistas, en la presente nos fijaremos en su concepción del socialismo entre el pasado y su presente.

El periódico preguntó a Morato, estableciendo en que existían diferencias entre el socialismo “de hoy y el de antaño”, cual prefería de los dos.

Para contestar aludió a Castelar y al posibilismo del mismo. Morato creía, como el republicano, que estando el pueblo en posesión de los derechos políticos, estaba en su mano cambiar, no ya la forma de gobierno, sino hasta el régimen social. Después aludió a Marx porque defendería, en cierto modo, ese criterio al referirse en su discurso de Ámsterdam del año 1872 a las posibilidades de realización pacífica de los ideales de la Internacional en Inglaterra, América y quizás en Holanda.

Así pues, aún teniendo por verdad irrefutable la existencia de la lucha de clases y pensando que en todo momento debía tenerse presente, Morato consideraba que la mejora gradual, la elevación ininterrumpida en la satisfacción de las necesidades siempre crecientes, la conquista evolutiva de leyes cuyo resultado era educar a la clase proletaria y reducir el poder del capitalismo eran bienes que merecían el sacrificio de “impaciencias llenas de azares”, es decir, que Morato abogaba por el gradualismo.

El socialismo del pasado y el del presente serían iguales en su opinión. El presente o actual no era como el de los “tiempos heroicos”, sino un ideal en plena realización. En todo caso, aunque hubiera alguna diferencia, que el no acertaba a ver, insistía en que le parecía mejor que el del ayer.

Además, no había que olvidar el “Manifiesto Comunista”, pero, sobre todo, que el capital “venía al mundo chorreando sangre y cieno por todos los poros”, Ni tampoco se debía olvidar que la sociología oficial y gubernamental era algo como la “ciencia de dar largas”, esto es, de alejar el final de esta etapa de civilización o de canibalismo, de escatimar concesiones, de ceder hasta científicamente lo menos posible.

Hemos trabajado con el número del 29 de agosto de 1931 de El Socialista.

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