Una reflexión de Juan José Morato sobre los primeros socialistas españoles

Historia

Cuando Juan José Morato sacó su libro, Pablo Iglesias, educador de muchedumbres, en la colección de “Vidas españolas e hispanoamericanas del siglo XIX”, en Espasa Calpe, el periódico El Socialista le realizó una entrevista donde habló de los “tiempos heroicos” del socialismo y de los problemas que tenía que afrontar la República.

 

En esta pieza nos queremos acercar a la visión sobre los primeros socialistas que tenía Morato, y que plasmó en esta entrevista, a raíz de la pregunta sobre la “asistencias” y obstáculos que encontraron los primeros socialistas españoles en su militancia.

Morato afirmaba que solamente hubo un intelectual en el origen del Partido Socialista, “aunque interviniera muy rara vez en la propaganda”. Se refería a Jaime Vera.

El Partido era caracterizado por Morato como una “organización sindical”, es decir, que, en principio, llama poderosamente la atención esta afirmación, aunque no tanto cuando leemos que el mismo era una “obra exclusiva” de hombres de trabajo, de operarios mecánicos y hasta entrado el siglo XX en el que se inscribieron en el mismo hombres que venían de profesiones liberales, aludiendo, ciertamente, a la llegada de intelectuales a la formación con la nueva centuria, como bien sabemos.

Pero, sobre todo, en los comienzos todo era hostilidad y cerrazón. La masa era indiferente y tan ignorante que, en general, acogía a los socialistas con burlas y sospechas. Los gobiernos, por lo demás, dificultaban el ejercicio de los derechos, sin olvidar la hostilidad de los anarquistas y los republicanos porque los socialistas les podían restar adeptos.

Los militantes más que miembros de un partido lo eran de una familia, agrupándose para confortarse hasta físicamente, con el fin de atenuar el ambiente hostil. Por ese aislamiento, los primeros socialistas habían sido hasta ásperos, adustos y secos. Morato llegaba a afirmar que, inconscientemente, podían haber llegado a ser hasta injustos.

Hemos trabajado con el número del 29 de agosto de 1931 de El Socialista.