Los socialistas contra la intervención rusa en Persia (1910)
Persia fue un territorio intensamente disputado por Rusia y Gran Bretaña, dentro de las coordenadas de lo que se conoce como el Gran Juego. En todo caso, a finales del siglo XIX, Persia vivió un cambio político importante con una Revolución Constitucional, que permitió instaurar ya en el siglo XX una monarquía constitucional, dotándose el país de una constitución y de un parlamento, la Asamblea de Consulta Nacional.
Pero el problema de Persia fue, curiosamente, algo que parece muy positivo, es decir, el descubrimiento del petróleo, pero eso hizo que las dos potencias europeas mencionadas tuvieran un evidente interés en hacerse con esa riqueza. Las disputas entre ambas se apaciguaron en el proceso final de la paz armada cuando se estableció un nuevo sistema de alianzas, primero entre Francia y Rusia, luego entre Francia y el Reino Unido (Entente Cordiale) y después entre Rusia y Reino Unido (Entente anglo-rusa), con el resultado final de la Triple Entente (Francia, Reino Unido y Rusia). En lo que se refiere a Persia, el acercamiento entre Londres y San Petersburgo se derivó en el reparto de influencias sobre la misma, lo que supuso una merma de su soberanía. Aunque Persia fue neutral en la Gran Guerra, fue ocupada por británicos, rusos y otomanos. En 1919, a raíz de la Revolución Rusa, Londres intentó establecer un protectorado, aunque no se consolidó.
Pues bien, regresemos a antes del estallido de la Primera Guerra Mundial porque este trabajo trata de la reacción de la Segunda Internacional en su octavo Congreso, que se celebró en Copenhague entre el 28 de agosto y el 3 de septiembre de 1910, ante las injerencias rusas en Persia. Los socialistas consideraban que desde que había dado comienzo la revolución persa, y justamente en consecuencia del acuerdo anglo- ruso, el Gobierno del zar había intentado hacer fracasar el movimiento constitucional. Los rusos habrían intervenido hasta militarmente bajo el pretexto de garantizar el orden en sus fronteras y la vida de sus súbditos en Persia, pero, en realidad, su fin habría sido poner obstáculos a los esfuerzos de los demócratas persas. Las tropas y la policía rusas habían intervenido en Tabriz contra los insurrectos. Además, el Gobierno ruso, por mediación de sus agentes secretos, mantenía intrigas y persecuciones en Persia, y que muchas de las tropas que habían intervenido seguían allí, a pesar de las protestas del Gobierno de Teherán. Al parecer, los rusos también estaban presionando en Turquía. Por todo ello, la Segunda Internacional consideraba que Rusia quería reinstaurar el absolutismo en Persia y en Turquía. Eso constituiría un peligro permanente para las dos jóvenes democracias orientales. Por eso, el Congreso de Copenhague invitaba a los partidos socialistas de Europa a emplear todos los medios que estuvieran a su alcance hasta poner fin a estas maniobras reaccionarias del zarismo.
Hemos consultado el número del 16 de septiembre de 1910 de El Socialista.