Obrerismo y humanismo según Luis de Zulueta (1930)
Luis de Zulueta, al que nos hemos acercado en distintas ocasiones en las páginas de este medio, reflexionó sobre la relación entre el obrerismo (socialismo) y el humanismo en el número del primero de mayo de 1930 de El Socialista.
Para el político republicano no era cierto que el socialismo internacional era un movimiento “egoístamente obrerista”, interesado exclusivamente en los intereses de los trabajadores, en sus salarios, jornadas laborales y en las luchas para obtener ventajas materiales. Eso sería un reproche injusto porque al socialismo nada humano le era ajeno. Prueba de ello era el llamamiento para el primero de mayo de 1930 que había realizado la Internacional Obrera Socialista. Ciertamente, en dicho llamamiento se hablaba de la jornada de ocho horas, de la preocupación por la asistencia a los parados y por la unificación del movimiento obrero. Pero esos eran temas universales, decisivos para el progreso de la civilización.
Pero, en realidad, la Internacional anteponía otros temas. En primer lugar, hacia un llamamiento a los trabajadores de todos los países para que se manifestasen en favor de la libertad y la democracia, en favor de la liberación de los presos políticos, contra el fascismo y la dictadura, contra la carrera armamentística y contra el militarismo, en favor del desarme y la paz. El socialismo, por lo tanto, se alineaba con los deseos de todos los espíritus liberales, de todas las izquierdas. El obrerismo, en consecuencia, servía a la causa de toda la Humanidad. Por otro lado, esa Humanidad no podía desentenderse de la causa obrerista.
Todos los espíritus liberales habían de interesarse por las reivindicaciones de los trabajadores. El humanismo si no se basara en la justicia sería solamente literatura. Así pues, cuando los trabajadores clamasen en el primero de mayo por la libertad y por la democracia, los verdaderos liberales deberían hacerlo, por su parte, por la justicia social.