Jaime Vera y León XIII

Historia

Para el número del primero de mayo de 1894 de El Socialista, el destacado intelectual socialista Jaime Vera publicó un artículo sobre el papa León XIII con el título de “El compañero León XIII”. Repasemos las ideas y opiniones de Vera.

 

El doctor Vera afirmaba que había quien llamaba a León XIII el papa de los obreros.

El espíritu evangélico estaba en la exaltación de los pobres y de los humildes, y que había sido proclamado por Cristo en la cruz, ahora pretendía ejercerlo el jefe de una jerarquía eclesiástica sentado en un trono y coronado con una corona de tres pisos. Por eso, se preguntaba si no parecía extraño su resplandor moral pudiera abrirse camino entre tantos destellos de oro y pedrería. Nunca el cristianismo pudo tener pretensiones económicas. Muy al contrario, había fracasado por querer convertirlo de doctrina puramente moral en doctrina social. Toda la economía política del cristianismo estaba en las palabras que el evangelista puso en boca de Jesús: “No os congojéis por vuestra vida, que habéis de comer ó que habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, que habéis de vestir…”, “las aves del cielo no siembran, ni siegan, ni allegan alfolíes, y vuestro padre celestial las alimenta”, “buscad el reino de Dios y en justicia; todo lo demás, dado os será por añadidura”.

Precisamente, por esa “añadidura” se afanaba la clase trabajadora y se organizaba en partido de clase. Esperaba la justicia de Dios, pero mediante una revolución que destruyese el privilegio burgués, porque hasta la fecha solamente los burgueses, es decir, las aves del cielo, comían sin sembrar, ni segar, ni allegar alfolíes, que por ellos y para ellos sudaban los trabajadores sin que el ferviente amor del papa por los que sufrían le moviese a protestar evangélicamente contra esa explotación. No había moral como no había libertad ni derecho sin emancipación económica. Si la proclamaba León XIII habría que poner su nombre en la lista sagrada de los redentores. Pero en tanto no lo hacía, todo trabajador tenía que tener por cierto que el papa y la Iglesia servían a la burguesía, que para eso pagaba, a esa misma burguesía que había cercenado el poder de los papas y de la Iglesia, y los había escarnecido.

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