¿A qué vienen los socialistas?: una lección de Azedo Gneco
Así es, para saber a qué habrían venido los socialistas, el fundador del Partido Socialista de Portugal, Azedo Gneco publicó un texto el 7 de septiembre de 1875, que queremos compartir con los lectores. No es muy largo.
En 1875 se formó la primera organización estable socialista de signo marxista en Portugal de la mano de José Fontana y Azedo Gneco, diluyéndose las influencias iniciales de Proudhon. Gneco fue la personalidad socialista más acusada del último cuarto del siglo XIX. Mantuvo correspondencia con Marx y Engels y fue elegido secretario de la Sección Portuguesa de la AIT. En el año 1878 este grupo pasó a ser el Partido dos Operarios Socialistas de Portugal. En ese momento se produjeron importantes divergencias internas y escisiones. Gneco dejó de liderar la formación, enfrentándose a la línea posibilista. Efectivamente, desde muy pronto en el seno del socialismo luso se fueron fraguando dos tendencias, la de carácter posibilista de Luis de Figuereido, y la revolucionaria del propio Gneco. En 1895 adoptó el nombre de Partido Socialista Portugués y Gneco regresó a la estructura dirigente del partido.
El texto:
“A lo que venimos Venimos a protestar contra la explotación de la mayor parte de los individuos que componen la gran familia humana por algunos miembros de la propia familia, venimos a defender el partido de los desheredados contra la guerra: que les hacen los usurpadores de la riqueza. Pequeño campeón del derecho. «O Protesto» ha de cumplir valerosamente su misión y luchará sin descanso por el triunfo de la causa social. Es necesario derrumbar las viejas instituciones basadas en las desigualdades sociales, fundir en una toda las clases, abolir el parasitismo y constituir una sociedad de trabajadores libres e ilustrados, en donde las leyes no representen el mero capricho del legislador, sino la voluntad de todos, basada en la razón y en la justicia. No venimos a detener el carro de la Historia, sino a allanar el camino que sigue en su marcha secular y fatal. No queremos el estruendo de las revoluciones caprichosas, sino la marcha suave de la civilización y del progreso. Marchamos hacia el futuro. sin odios ni pasiones, llevando como guía la serena consciencia del deber. Si a nuestro paso quieren herirnos los dominadores con sus sátiras enfadosas, los emplazamos para el porvenir, que responderá por nosotros.”
Hemos consultado el texto en el número del 17 de octubre de 1929 de El Socialista.
Los materiales históricos son importantes por las sugerencias que nos proponen con el fin de reflexionar.