Rococó
En principio, el inicio del siglo XVIII parecía prolongar las formas del arte barroco del siglo anterior, pero aparecieron nuevos factores que influyeron claramente en un cambio estético.
Nació un nuevo gusto por la realidad, por la comodidad, por lo que podemos considerar el “buen vivir”, que influyó claramente en el triunfo del concepto de la intimidad, por lo que estaríamos ante el triunfo de la comodidad, de la creación de espacios para desarrollar dicha intimidad, y eso influyó en todas las artes. En la arquitectura se desarrolló una concepción más preocupada por esa comodidad, por lo delicado, lo grácil y menudo, mientras en pintura aparecieron nuevos géneros vinculados a lo galante. La aristocracia buscaba lo raro, lo curioso y exótico, y se puso de moda lo oriental (lo “chinesco”), buscando un evidente refinamiento, como si estuviéramos ante una reedición del manierismo. El Rococó fue el arte de la última sociedad aristocrática del Antiguo Régimen, que parecía ensimismarse, y que huyó de lo clásico y de lo solemne y heroico por lo gracioso, lo cortesano, lo ligero y frágil, lo elegante, en suma.
Aunque sería un estilo en toda Europa, el Rococó fue eminentemente francés, como reacción a la solemnidad, lo mayestático y al clasicismo de su Barroco de los tiempos de Luis XIV. Sería la reacción de la nobleza frente al absorbente absolutismo del Rey Sol.