La necesidad sindical para la Segunda Internacional

Historia

La Segunda Internacional fue consciente de que para transformar el sistema capitalista era necesario el concurso sindical, por lo que recomendó a la Internacional Sindical que estudiara las mejores medidas para reforzar el principio de la solidaridad. En todo caso, la Segunda Internacional recomendaba algunas cuestiones.

 

En primer lugar, se pedía que las organizaciones sindicales se aproximaran cada vez más en cada país y fuera de las fronteras. En segundo lugar, había que revisar los Estatutos de los sindicatos y federaciones para eliminar de los mismos todo lo que pudiera dificultar la acción internacional.

Además, había que mejorar y extender las relaciones internacionales de la prensa socialista y obrera. Los periodistas socialistas donde se preparase un conflicto de envergadura o que hubiera ya estallado debían estar especialmente obligados a transmitir de forma inmediata las informaciones a sus colegas extranjeros, que deberían publicarlas rápidamente como medio para despertar la solidaridad de los obreros de otros países hacia dicho conflicto, y para desmentir las informaciones y opiniones de las denominadas “agencias a sueldo del capital”.

Por eso, se recomendaba, por fin, que en cada país hubiera una prensa obrera bien desarrollada, una verdadera obsesión de todos los partidos socialistas.

La huelga general fue considerada por el sindicalismo revolucionario como el medio más adecuado para conseguir el triunfo de la Revolución sobre las fuerzas económicas, sociales y políticas que sostendrían el capitalismo. A través de la huelga general, los sectores productivos pasarían a manos de los obreros y campesinos, quienes expropiarían los medios de producción. Estos medios se organizarían a través de sindicatos, comités y cooperativas. Sería la expresión máxima de la acción directa. En la Carta de Amiens de 1906 de la Confederación General del Trabajo de Francia se estableció que la huelga revolucionaria era el camino para llegar al final del proceso revolucionario, llegando a la total emancipación capitalista. En aquella reunión se reafirmó la independencia de los sindicatos frente a los partidos políticos. Por su parte, en el campo socialista la cuestión de la huelga general fue intensamente debatida en la Segunda Internacional. En el Congreso parisino de 1900 se rechazó una propuesta de la delegación francesa según la cual había que realizar un llamamiento a la clase obrera para organizarse con vistas a la huelga general, y poner esta huelga general al servicio del a revolución.

Por su parte, en 1904, en el Congreso de Ámsterdam se llegó a una postura de compromiso sobre la huelga general que, en el fondo, suponía la renuncia a este instrumento para terminar con el capitalismo. La resolución decía que la huelga política de masas sería considerada como un medio externo para obtener importantes cambios sociales o contrarrestar acciones reaccionarias contra los derechos de los trabajadores. Pero, al año siguiente, se reabrió el debate cuando estalló la Revolución rusa de 1905, iniciada con una huelga general. Posteriormente, fueron derrotadas las tesis revolucionarias en el seno de la Internacional y se desechó definitivamente el empleo de la huelga general. En este sentido, en el Congreso de Copenhague de 1910 se derrotó una propuesta de Keir Hardie y Édouard Vaillant que exigía la acción directa a través de las huelgas de la minería y las industrias de armas con el fin de impedir la guerra. Los delegados italianos y alemanes temían que si se aprobaban las huelgas se pudiera llegar a que la organización se destruyese.

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