La Conferencia fascista de Montreux

Historia

La Conferencia fascista del año 1934 fue una reunión celebrada por un grupo de políticos de distintas organizaciones políticas fascistas. Tuvo lugar en diciembre en la localidad suiza de Montreux. Fue organizada por los Comitati d’Azione per l’Universalita di Roma (CAUR).

 

Los CAUR eran una red que se fundó el año anterior en la Italia fascista. Su director era Eugenio Coselschi. Su objetivo era actuar como una red para una internacional fascista. La primera cuestión que hubo que definir y que era problemática tenía que ver con identificar el fascismo internacional, además de establecer unos criterios sobre los que poder calificar a una organización o partido como fascista. Así en la primavera de 1934 se llegó a identificar como fascistas a movimientos de 39 países, tanto en Europa como en América, Oceanía y Asia. CAUR logró abrir oficinas en distintos países, y promovió reuniones. En cierta medida esta organización fue un medio que el fascismo italiano diseñó para intentar contrarrestar el apogeo del nazismo, aunque también es cierto que Mussolini, como veremos más adelante, tampoco fue un fanático defensor de la idea del internacionalismo fascista.

A la Conferencia asistieron delegados de 13 partidos europeos. Entre los asistentes estuvieron: Ion Mota de la Guardia de Hierro de Rumanía, Vidkun Quisling del Nasjonal Samling noruego, Ernesto Giménez Caballero por Falange Española de las JONS, Ante Pavelic del movimiento Ustacha, croata, Eoin O’Duffy de la Guardia Nacional de Irlanda, Marcel Bucard del Partido Fascista Francés, Antonio Eça de Queiroz por la Acçao Escolar Vanguarda portuguesa. Pero no hubo representantes oficiales del Partido Nacionalsocialista, aunque hubo nazis para observar. Debemos entender que seis meses antes se había producido el asesinato del canciller Dolfuss por parte de los nazis, y eso había provocado una seria crisis entre Roma y Berlín. Tampoco hubo representantes oficiales del Partido Fascista italiano por decisión de Mussolini, seguramente porque el líder italiano quería ver lo que daba de sí la reunión antes de ofrecer un apoyo explícito a la misma, aunque participaran fascistas italianos. José Antonio Primo de Rivera manifestó que, aunque Falange había autorizado a miembros del partido su asistencia, el mismo, como tal, no estaba oficialmente representado. Tampoco estuvieron ni el austriaco Ernest Rüdiger Starhemberg ni el británico Oswald Mosley.

La Conferencia fue complicada, sin lugar a dudas, porque hubo una clara disparidad de criterios entre los participantes. Así, el presidente de la misma, el italiano Coselshci se enfrentó con Quisling sobre la importancia del Partido Nazi al fascismo internacional. Pero lo fundamental, sería la cuestión del antisemitismo. Pavelic fue tajante en que había que terminar con las minorías que, en su opinión, ponían en peligro la cultura europea, resaltando un discurso intensamente racista y antisemita. Esta postura sobre las cuestiones raciales encontró apoyó entre los húngaros, los rumanos, los croatas, los eslovacos y los noruegos. En cambio, los españoles, portugueses e irlandeses consideraron que era un tema que debía ser apartado o pasado a un segundo plano por su controversia, y que no podía ser un punto fundamental que definiera al fascismo. Esta postura encontró el apoyo italiano, el belga y el francés.

Los italianos consideraban que el punto fundamental del fascismo debía ser la creación del Estado corporativista, dejando de lado lo racial porque este tema, se insistía, no era fundamental para el fascismo. Pero los rumanos de la Guardia de Hierro replicaron a la ponencia italiana insistiendo en la cuestión racial, algo que fue contestado, por su parte por los irlandeses que consideraban que la cuestión judía no era fundamental y que se podría estar desviando el tema central de la Conferencia que debía girar sobre lo que era el fascismo. Los alemanes observaban, pero no opinaban, siguiendo las instrucciones de Berlín. Se intentó llegar a una resolución de compromiso sobre la idea de que no había que emprender una campaña universal de odio contra los judíos pero que existían grupos de judíos que conspiraban y eran perjudiciales para algunos Estados promoviendo una revolución internacional que destruía tanto el patriotismo como la civilización cristiana. Más fácil fue la unanimidad contra el comunismo y la Tercera Internacional, así como en la reivindicación del nacionalismo como fuente de la cultura europea.

En abril de 1935 hubo una segunda Conferencia, también en Montreux. En la misma sí participó José Antonio Primo de Rivera que manifestó otra idea que puede ser explicativa sobre el fracaso del internacionalismo fascista, además de la falta de consenso sobre el antisemitismo. Según el político español España no estaría dispuesta a participar en cualquier empresa del fascismo internacional, ya que su movimiento “era estrictamente nacional”, es decir, que el acusado nacionalismo del fascismo casaba mal con los propósitos del internacionalismo. Así pues, las pretensiones sobre un fascismo universal como se pensó en los CAUR italianos no terminarían de cuajar.

Este sitio utiliza cookies. Al seguir navegando entiendo que aceptas mi política de cookies.
Más información Entendido