El socialismo cristiano francés
En Francia destacaría en el seno del socialismo cristiano la figura de Félicité Robert Lamennais (1782-1854), que fue filósofo, teólogo católico y un pensador que desarrolló el catolicismo liberal, condenado por las encíclicas Mirari vos (1832) y Singulari Nos (1832). Lamennais pensaba que podría alcanzarse la justicia social dentro de los principios de la cristiandad. Sacó un periódico, L’Avenir (El Futuro), que llevaba el significativo subtítulo de “Dios y la Libertad…l Papa y el Pueblo”. El problema era, como ya hemos apuntado más arriba, que Roma no estaba en esa línea, procediendo a la excomunión. En el año 1834 publicó Palabras de un creyente, con el que claramente se selló la separación con el papado. En 1840 publicó, La moderna esclavitud. Lamennais consideraba que la propiedad privada era la principal causa de la miseria, y entendió que el asociacionismo obrero era el medio para conseguir la igualdad de los bienes.
Por su parte, Philippe Buchez (1796-1865), político, historiador y sociólogo, siendo sansimonista al principio, terminó siendo un destacado socialista cristiano. Su compromiso radical nació en la Restauración, y con un grupo de amigos llegó a crear una Logia Masónica, “Los Amigos de la Verdad”. En 1821 estuvo en los intentos de sublevar el este de Francia para terminar con los Borbones, pero sin éxito. Fue detenido en Metz y juzgado, aunque el juez fue muy benévolo con el joven. Buchez abrazó el sansimonismo. Fundó en 1830 el Club de los Amigos, pero al poco tiempo abandonó lo que se había convertido casi en una religión, y decidió regresar al catolicismo. En 1831, comenzó a publicar el Journal des Sciences morales et politiques, que luego pasaría a ser el L’Européen. Buchez se puso a la tarea de conciliar el catolicismo con la democracia, siendo uno de los iniciadores del socialismo cristiano. En esa dimensión social intentó promover el asociacionismo obrero en la línea cooperativista. No tuvo mucho éxito, si exceptuamos a los joyeros porque su organización le sobrevivió, aunque no se extendió mucho. Buchez criticó el capitalismo y defendió la asociación obrera de producción destinada a reemplazar al proletariado asalariado para que los trabajadores fueran sus propios empresarios. En este ámbito social interesa destacar su obra, Essai d’un traité complet de philosophie du point de vue du cat holicisme et du progrès social, del año 1830.
Aunque Buchez no participó en la Revolución de 1848, fue nombrado para ocupar un cargo en la municipalidad parisina, ocupándose de la guardia nacional y de conformar los talleres nacionales, ideados por Louis Blanc. Ante las Jornadas de Junio, y dividido ante la situación, decidió no participar en el combate, pero sí atender a los heridos. En tiempos del Segundo Imperio se dedicó a escribir, especialmente su Traité de politique et science sociale.