Al-Ándalus: aproximación económica y obras públicas

Historia

En el siguiente artículo vamos a abordar el aspecto económico de Al-Ándalus y su preocupación por dotar al territorio de infraestructuras, es decir, el impulso de las obras públicas.

La economía de Al-Ándalus tenía su centro la ciudad. En ella se desarrollaba el comercio y la artesanía, destacando los sectores del textil, vidrio, cerámica, madera, cueros, seda, piedras preciosas y marfil, En el ámbito textil fue fundamental la industria sedera de la Granada nazarí por sus implicaciones en varios sectores manufactureros, así como en la agricultura y ganadería y, por supuesto, en el comercio, generando unos ingentes ingresos. Las moreras se cultivaban en la Alpujarra. La cría del gusano y el hilado de la seda implicaban a las mujeres. En determinadas áreas de Granada, Málaga y la comarca de Comares en Ronda, la actividad de la seda era la principal de sus economías respectivas. La seda desarrolló la industria tintórea. El producto tintóreo más importante fue el de la cochinilla, que proporcionaba un intenso color rojo, y que estuvo muy vinculado al este del reino. En términos comerciales actuales la seda sería el producto que más ayudó a la balanza comercial granadina. El dinero que se conseguía con su venta fuera de Granada permitió que los nazaríes pudieran importar muchos productos y artículos que no tenían. Y eso se consiguió por la calidad, llegando a adquirir un valor semejante al que tenían los metales preciosos. Pero, además, constituyó un factor fundamental en la pervivencia de aquel reino durante dos siglos.

La economía andalusí estaba sustentada por dos monedas fuertes, el dinar de oro y el dírham de plata. Tenemos que tener en cuenta que hasta el auge medieval cristiano de los siglos XI y XII estas fueron casi las únicas monedas existentes en Europa. El comercio andalusí estaba íntimamente unido a Oriente, siendo Al-Ándalus la puerta de entrada de muchos productos de esa parte del mundo, hasta que las ciudades italianas y las mediterráneas de la Corona de Aragón comenzaron a comerciar con Oriente.

Esta brillante situación económica no hubiera sido posible sin una agricultura desarrollada, que es la base de todas las sociedades medievales. La introducción de nuevos cultivos procedentes de Oriente, como el arroz, la morera, los cítricos, o el azafrán, así como la extensión del regadío, respondían a la demanda de la población urbana. En todo caso, se mantenía como base de la agricultura la trilogía clásica mediterránea: cereal, vid y olivo. En cuanto a la ganadería, los beréberes introdujeron la trashumancia del ovino, de tanta trascendencia en la historia de España, aunque otros estudios consideran que es anterior.

La Hacienda se abastecía de los impuestos ordinarios que obligaban a todos, incluidos los musulmanes, a pagar la décima parte de sus bienes e ingresos. Además, los cristianos y judíos contribuían con una tasa personal o yizia, y un impuesto territorial, el jaray, que se mantuvo también para los conversos. Los impuestos extraordinarios gravaban bienes inmuebles o transacciones comerciales, como la al-qabala, que luego será adoptada por los cristianos como alcabala, impuesto básico de la hacienda en el Antiguo Régimen. Los impuestos fueron cada vez más numerosos, pues con ellos se sufragaban las campañas militares, y en la época de las taifas se atendía al pago de las parias.

En esta economía la guerra tuvo un papel primordial, y no sólo por los gastos que ocasionaba, sino también como actividad para obtener el botín necesario para pagar al ejército y para el cobro de tributos a las poblaciones sometidas en concepto de vasallaje. En las épocas de buen tiempo se organizaban aceifas para obtener riquezas.

Obras públicas

Aunque, sin lugar a dudas, fueron los romanos los grandes impulsores de las infraestructuras en Hispania, en Al-Ándalus se tuvo una especial preocupación por esta cuestión, especialmente en la etapa omeya cuando existió una estructura de poder que pudo emprender obras de envergadura.

Una de las grandes preocupaciones de los musulmanes en Al-Ándalus fue la de los puentes. Las autoridades dedicaron muchos recursos y esfuerzos para mantener en perfecto estado el gran puente de Córdoba, que tuvo que ser reparado en diversas ocasiones. También se preocuparon mucho del de Mérida, de origen romano. Tuvieron que restaurar el de Écija y el de Guadalajara. También el puente de Alcántara de Toledo necesitó de varias restauraciones.

La conducción del agua fue prioritaria para los musulmanes, demostrado por la aportación al castellano de muchos términos relacionados con el asunto (caz, aljibe, acequia, etc..). Para abastecer a Medinat al-Zahra se construyó un acueducto que traía el agua de la Sierra a la ciudad. El aljibe de Mérida fue una obra de envergadura y que se llenaba con el agua del Guadiana. En tiempos de Almanzor se construyó un aljibe en el subsuelo del patio de la Mezquita Mayor de Córdoba, con bóvedas de aristas y arcos. También hay que destacar las canalizaciones de agua en la Alhambra de Granada.

En relación con las comunicaciones terrestres, los musulmanes emplearon el sistema ideado y construido por los romanos. Las rutas siguieron el trazado en tiempos de la Hispania romana. Emplearon la Vía Augusta que unía Cádiz con Narbona, y cuyos hitos fundamentales eran Córdoba, Zaragoza y Tarragona. En tiempos de los emiratos y el califato de Córdoba se convirtió en el punto de partida de hasta catorce caminos. También era importante la ruta costera que partía de Algeciras y que pasaba por Estepona, Marbella, Fuengirola hasta Málaga, para continuar por Almuñecar hasta Almería, que tenía comunicación directa con Lorca y Murcia. La Vía Hérculea, que había sido construida por los romanos al principio de su llegada a la Bética, fue prolongada después de Cartagena a Granada y Antequera.

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