La memoria del horror en los espacios públicos y la necesidad de la grandeza moral

Memoria histórica

Al calor de la polémica sobre la declaración por parte del Gobierno de la Nación de la Real Casa de Correos, antigua sede de la Dirección General de Seguridad y desde la presidencia de Leguina, sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, como Lugar de Memoria Democrática, la presidenta Ayuso ha cargado contra dicha designación, demostrando su inveterada falta de empatía y su particular énfasis en recordar algunas cosas del pasado reciente de España para arrinconar otras. Alude, además a que eso vincula la sede del Gobierno de Madrid a solamente una parte de su historia. Sobre esto, basta recordarle que en la fachada se recuerda a los héroes del dos de mayo que allí lucharon contra las tropas de Murat, y a los héroes que se sacrificaron para salvar vidas en los atentados atroces de aquel infausto mes de marzo de 2004. Pero, estimada presidenta, además de ser sede de Correos desde los tiempos finales del despotismo ilustrado, fue un lugar de tortura afectando en la larga noche del franquismo a cientos y cientos de españoles, sí, cientos y cientos que merecen nuestro recuerdo y homenaje. Había cometido un terrible delito, luchar por la libertad, pero la de verdad.

 

Conviene que aprenda un poco que en esto nuestro Gobierno no es nada original. Sigue lo que ocurre en otros lugares de este mundo como un testimonio vivo de homenaje a los que han sufrido y con un efecto también pedagógico en la defensa de los valores de la democracia y de la libertad, pero la de verdad, vuelvo a insistir.

Puede usted viajar a Buenos Aires y visitar la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), un espacio que, en principio, se levantó con unos fines militares y formativos y que los militares que dieron el golpe de estado lo convirtieron en un centro clandestino de detención, tortura y desaparición de argentinos y de algunos extranjeros también, españoles incluidos. Hoy es Sitio de Memoria, para recordar a las víctimas y promover el desarrollo de los derechos humanos. Pero no se apure, que también hay lugares del horror cometidos por estados alejados de su credo político. Ahí esta Tuol Sleng, o Prisión S-21, el centro de tortura y para ejecuciones del régimen del Jemer Rojo. Allí murieron casi dos millones de personas. Eran comunistas, como los otros eran reaccionarios de derecha. Y es que el horror en todas partes anida. El nazismo y el comunismo emplearon el mismo edificio en Budapest. Parece como si los totalitarismos necesitasen los mismos espacios. Allí un elegante edificio de una ciudad que se construyó bien elegante fue cuartel general y prisión de los nazis. Allí se interrogaba y se torturaba a los opositores, resistentes y a los judíos. Pero, como bien sabe, los nazis fueron derrotados, y llegó el telón de acero. La policía secreta comunista se puso en marcha para reprimir ya en 1945, haciéndolo hasta la revolución de 1956. ¿Y dónde lo hizo? Pues, para qué buscar nuevas instalaciones si estaban las que habían reformado los nazis, es decir, en el mismo edificio. Y no hace falta que se vaya tan lejos, aquí al lado, en Lisboa, en el edificio donde el salazarismo torturaba y encarcelaba, al menos hasta mediados de los años sesenta, hoy se abre el Museo de Aljube Resistencia y Libertad.

Hay cientos y cientos de ejemplos, en Viena, en Montevideo, en Alsacia, en Taiwán, en Asunción, etc.. Cuando hay víctimas y, además, muchas aún están vivas, es un deber moral y un ejercicio democrático honrarlas por su sacrificio y para enseñar a la ciudadanía presente y futura lo que nunca debiera volver a pasar.

Solo se le pide un poco de grandeza, nada más, pero, nada menos.

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