Formas radicales y contenidos distintos entre la juventud y la madurez

Política

En estos tiempos se han publicado distintos artículos para intentar explicar el cambio o supuesto cambio de intelectuales que, en su juventud, en el lejano tiempo del tardofranquismo y la transición militaron en grupos y/o defendieron ideas de extrema izquierda, y que hoy apoyan con parecido fervor posturas que lideran las formaciones de derecha y extrema derecha. Los nombres son de sobra conocido y no parece necesario referirlos. Nosotros mismos hemos especulado en este periódico sobre la cuestión defendiendo la tesis de la inconsistencia en relación con que estos personajes nunca fueron realmente de izquierdas.

 

Hoy queremos seguir ahondando en esta materia, matizando, en parte lo explicado, aunque sin apartarnos demasiado de esta tesis y, sobre todo, gracias a lo leído en la prensa en las últimas semanas. Hoy vemos, como decimos, algunos intelectuales y escritores lanzar verdaderos anatemas contra la izquierda, especialmente la gobernante, es decir, la socialdemocracia y sus líderes haciendo suyos los discursos de lo identitario, sobre la convicción de que la nación y/o la patria estarían supuestamente en peligro gracias a la alianza o supuesta alianza de esa izquierda con los nacionalismos sin Estado, especialmente el catalán, pero también el vasco en sus dos versiones.

Esos intelectuales y escritores en su juventud fueron extremadamente críticos contra el tardofranquismo en su crisis final y también contra quienes defendieron la moderación para terminar con la dictadura y emprender el camino de la democracia.

Alcanzada la tan ansiada democracia esos escritores e intelectuales parece que se han desencantado con la izquierda, con la socialdemocracia, pero no porque fuera supuestamente tímida en buscar mayores cotas de igualdad, aminorando las brechas en lo económico y/o en el género. No se critica que nuestro estado del bienestar nunca haya tenido el nivel de otros países europeos o que nuestra socialdemocracia no haya hecho más para secularizar las instituciones o para mejorar el camino de los jóvenes para emprender sus proyectos de vida, o que el derecho a la vivienda no se haya convertido casi en un privilegio, o que los salarios fueran más altos y también las pensiones. Los antaño tan radicales en la izquierda de la izquierda no sienten ningún interés aparente por estas cuestiones, sino casi exclusivamente por una, y que fue patrimonio de la derecha de aquel tiempo pasado, pero también de la del presente, esto es, el nacionalismo españolista, lo identitario, la patria española, de nuevo amenazada por enemigos que han remozado las formas y los contenidos de los de antaño, de los que ya comenzaron a maquinar contra España en los tiempos de Alfonso XIII.

Pero esos intelectuales y escritores, en realidad, siguen siendo fieles a algo que hacían en su juventud, y que no es otra cosa que el empleo del verbo exaltado, la descalificación del contrario, el desprecio a quien no piensa como ellos o que les cuestiona sus ideas y o formas. Antaño su ira se volcaba contra los franquistas políticos y económicos y contra los tibios, los que no se mojaban, los chaqueteros, etc. Ahora, como decimos, los enemigos son los nacionalistas catalanes y vascos, pero, sobre todo, los socialistas por su supuesta irresponsabilidad. El tono es parecido, o casi más duro, con rabia, con el rencor que a algunos da la madurez porque no es cierto que la misma da calma o sosiego.

Al final, como dijimos hace unas semanas también en esta sección, nunca fueron de izquierdas, pero siempre fueron radicales de la forma, del verbo, del desprecio, y a pesar de que les presumimos inteligencia, de que por su formación, lecturas y experiencia sabrían buscar matices, ver todas las facetas, ser, por supuesto críticos con la izquierda gobernante, pero ponderados en un juicio sereno, aunque con contenido, y que esperábamos de ellos que azuzaran a la izquierda a ser mas progresista, a contemporizar menos, a buscar más igualdad, al final, solamente vemos formas y discursos encendidos, seguramente tan huecos como los que se lanzaron contra Franco en su día, y ahora contra una izquierda que estaría rompiendo aquello por lo que, supuestamente, Franco tanto trabajó. La vida tiene estas cosas.

Este sitio utiliza cookies. Al seguir navegando entiendo que aceptas mi política de cookies.
Más información Entendido