Cuatro desafíos para el socialismo: aprendiendo con Manuel de la Rocha

Política

En la presentación del libro, editado por la Fundación Pablo Iglesias, del cuarenta aniversario de Izquierda Socialista, el veterano socialista y sindicalista Manuel de la Rocha ofreció a los asistentes una brillante lección sobre los cuatro desafíos que tiene el socialismo en nuestro país. Intentemos, desde nuestra perspectiva, ofrecer algunas líneas al respecto, al considerar que son sumamente sugestivas.

 

En primer lugar, Manuel de la Rocha planteó la cuestión de las señas de identidad del socialismo, vinculando historia y memoria del mismo con el presente y con vocación de futuro. El socialismo español posee, como hemos insistido nosotros en multitud de ocasiones, una intensa e extensa historia en nuestro país que debe ser reivindicada con un estudio sereno de la misma y como referente, sin olvidar todo lo vinculado con la memoria democrática. En esa historia se han planteado claves y, sobre todo debates, que giran sobre gran parte de los desafíos que siempre ha tenido el socialismo en general, y en particular en España. En este sentido, Manuel de la Rocha considera que los debates sobre lo que es el socialismo y sobre las cuestiones que tiene que atender son una riqueza en sí, y demuestran la diversidad del Partido Socialista como una de sus señas de identidad. En este país, y no sólo en el ámbito del socialismo, pero también, se considera que la diversidad de opiniones y los debates son como un mal que hay que sobrellevar, como si la unanimidad fuera lo natural y deseable, seguramente porque hoy, y esta es una opinión nuestra, seguimos todos siendo herederos de una forma de entender la política y este país de manera monolítica. Esta llamada a revalorizar la diversidad y el debate es una gran aportación de Manuel de la Rocha, que compartimos totalmente. La política y la vida son diversas, y en estos tiempos en los que renace un concepto casi totalitario en determinados sectores ideológicos y políticos debemos reivindicar el valor de lo heterogéneo, que se ajusta a la realidad, y eso, no lo olvidemos, es una seña del socialismo, la de ver, estudiar y analizar la realidad para poder transformarla.

El modelo de Partido fue otra enseñanza de Manuel de la Rocha, abogando por la democracia interna, algo en lo que el PSOE, en realidad, ha sido pionero, y cuestión en la que Izquierda Socialista se empeñó desde su misma fundación y por su propia naturaleza. Pero también es cierto que, como buen socialista, Manuel de la Rocha nos recuerda que la política no se puede hacer sin organización, es decir, parece que nos está contando de forma implícita que el modelo asambleario no parece muy adecuado. También, partiendo de su defensa del sistema de primarias, nos previno sobre algunas de sus consecuencias nada positivas, como es, y lo hemos visto, que, en ocasiones, predomina la confrontación personalista sobre el debate de ideas y proyectos.

Una tercera enseñanza tiene que ver con la cuestión de las alianzas con otras formaciones políticas. El PSOE terminó en la Transición adoptando el modelo autónomo defendido por Felipe González y Alfonso Guerra, eliminando, en realidad, el debate sobre esta materia, y que siempre había existido, comenzando en el mismo momento de fundación del Partido sobre si se debía pactar con las fuerzas republicanas, y que fue constante durante decenios y decenios hasta la época de la República con distintas apreciaciones, situaciones y protagonistas. Ese modelo autónomo, en realidad, desde hace ya tiempo no vale en España porque la realidad, la tozuda realidad, insistimos nosotros, nos demuestra que existe una izquierda política y sociológica a la izquierda del PSOE con la que se puede contar para la conformación de mayorías de gobierno porque el Partido no consigue ahora mayorías absolutas o muy cualificadas. Este es un tema que hoy, como bien sabemos, genera un rechazo casi total por parte de la vieja guardia. Es evidente que Manuel de la Rocha aboga por esas alianzas frente, en realidad, a las alianzas de las derechas, y frente, por ejemplo, a los intentos de defender en España una suerte de “gran coalición” entre el PP y el PSOE. Nosotros, por nuestra parte, insistimos en la necesidad de que el socialismo es una ideología y un proyecto político que debe estar analizando constantemente la realidad, y la actual se parece muy poco a la de 1982, por ejemplo. En realidad, también en el pasado cuando el PSOE de González no consiguió mayorías muy fuertes pactó, eso sí, optando por socios como Convergencia i Unió, y si eso fue válido en su momento, aunque pudiera cuestionarse por algunos sectores como la propia Izquierda Socialista, también lo parece la alianza con las izquierdas de los últimos tiempos, sin negar que siempre que se negocian y establecen acuerdos, como también nos recordó Manuel de la Rocha, se presentan dificultades. Pero la política, añadimos, nosotros, es eso, abordar problemas y buscar soluciones. Nada es fácil, porque la realidad, insistimos, no lo es.

Por fin, estaría la cuestión del modelo territorial o de Estado, uno de los puntos que hoy más polémica y confrontación política genera en nuestro país. Manuel de la Rocha nos habló de dos almas “y media”, calificamos nosotros, en el Partido Socialista. Estaría la jacobina, que parte del hecho de que desde un centro se pueden adoptar mejor políticas homogéneas, y que parte del modelo de la Revolución francesa. Nuestro orador considera que ese modelo podría valer para la propia Francia pero no para un país como España con una diversidad cultural e histórica innegables, por mucho que algunos la ignoren, la desprecien o la intenten sepultar, añadimos nosotros. Por eso estaría la versión federal, por la que aboga Manuel de la Rocha, en la idea de un Estado plurinacional, acusando, además, a la derecha de no haber querido abordar esta realidad desde la política. Por fin, estaría lo que nosotros calificamos de “y media”, y que nuestro maestro asociaría a un sector “españolista” en el socialismo español, seguramente contaminado por el fervor patriótico rancio de banderas y de exaltación hasta el paroxismo de lo identitario que hoy padecemos, seguramente como una reacción interesada a la exaltación de los nacionalismos independentistas, añadimos nosotros.