La izquierda madrileña en sus laberintos
Los acontecimientos recientes en el socialismo madrileño suponen un nuevo ejercicio de sinsentidos y errores mayúsculos, el de los sempiternos enfrentamientos internos sobre cuestiones que terminan aburriendo, en el mejor de los casos, hasta generando un rechazo creciente hacia el ejercicio político por parte de la ciudadanía, porque, desengañémonos, todo esto no gusta nada de nada, mostrando que muchos políticos se dedican a cuestiones que no tienen ninguna repercusión positiva en la vida de las personas porque no tienen que ver ni con la adopción de políticas, las que sean, ni con la más pura gestión técnica de los asuntos.
La izquierda no puede seguir comportándose de esa manera, en esos juegos de poder, de guerras internas, de cainismos insufribles, y que conducen, además de lo dicho en el primer párrafo, a ayudar a que la derecha mantenga su hegemonía en los que ya ha considerado su feudo absoluto, el de la Comunidad de Madrid.
No vale con decir que la derecha juega en su campo interno con hasta peores armas y en batallas soterradas de elevada crueldad, como hemos visto en multitud de ocasiones. Eso no puede ser nunca una excusa ni un argumento. Lo que hagan los adversarios políticos entre ellos es su problema, además de que hay que aprender que eso, lamentablemente, pasa infinita menos factura al contrincante entre sus allegados, simpatizantes y votantes, que en el caso de la izquierda. Tampoco podemos esperar a que la derecha coquetee con la extrema derecha para tocar a rebato e ir todos a votar, llenos de un pánico, por otro lado, bastante real y comprensible. Pero eso puede terminar por ser agotador y tiene sus límites.
La izquierda tiene que denunciar en Madrid el desprecio hacia los servicios públicos de todo tipo, la implantación de una fiscalidad en favor de los que más tienen, la adopción de una filosofía ramplona sobre la libertad y sobre el más puro individualismo, sin importar que se abran las brechas sociales al disminuir el gasto social, el desprecio al debate sereno e inteligente de las ideas con consignas del más puro trumpismo copiado de fuera, sin olvidar el desastre que fue la gestión de las residencias en tiempos de la pandemia con tantos muertos que murieron en el horror y sin tener que morir realmente. Esos son objetivos prioritarios, así como, parece una necesidad ofrecer alternativas serias a esa manera de gobernar tan ajena a los principios de la verdadera libertad y, por supuesto, de la igualdad.
Lo demás, es lamentable, muy lamentable, extremadamente lamentable. Luego no se puede pedir el voto ni movilizar para alcanzar mayorías estables. Y tampoco se puede pedir que la izquierda de la izquierda esté allí para echar una mano porque tampoco está demostrando altura de miras con sus propios cainismos y ensimismamientos.
La izquierda parece que vive en Madrid metida en el laberinto del Minotauro, esperando un Teseo, pero es que no hay que esperar Teseo alguno, sino alcanzar serenidad, desarrollar grandeza de espíritu, impulsar sentimientos de valentía, generosidad interna, cooperación, fraternidad, y compromiso frente a una derecha insufrible, sin educación, sin interés por lo público, es decir, de todos, y solo preocupada en hacer oposición al Gobierno de la Nación, en vez de gobernar con interés verdadero por los ciudadanos y ciudadanas.