La derecha prisionera de la extrema derecha
Durante los últimos años hemos estado escuchando a los líderes de las derechas que el Gobierno, el PSOE y el presidente eran rehenes del nacionalismo catalán porque habían necesitado su concurso para la investidura. Es un argumento potente, ciertamente interesado, pero que partía del hecho objetivo de que sin pacto con dicho nacionalismo no se podría haber llegado a formar Gobierno. Pedro Sánchez hizo una apuesta que tenía y tiene muchos riesgos sin lugar a dudas, generando malestar en distintos sectores del socialismo español y en parte de las generaciones socialistas anteriores. El nacionalismo catalán no casa muy bien con el socialismo español y quien niegue esto ni conoce aquel ni entiende éste, ni tampoco la historia política de este país. Pero en política hay que tomar decisiones y se evaluó que era más peligroso una repetición electoral, además de que los contrincantes no disponían de apoyos suficientes para investir a Feijóo, con dos partidos aislados del resto.
Y dicho esto, en los últimos tiempos estamos asistiendo a otro tipo de “secuestro” en el otro lado del hemiciclo. Se trata de Vox marcando el ritmo de la agenda política del PP, obligado a este partido a replantear discursos, como el de la inmigración ante la presión evidente de la formación de color verde que, además, araña en cada encuesta electoral más electores del caladero electoral conservador español. Y eso, además, se ha visto en los pactos para alcanzar el poder en Comunidades y Ayuntamientos, y ahora para poder sacar presupuestos y apoyos legislativos. El discurso y las políticas de extrema derecha son elaborados por Abascal y puestos en práctica por Feijóo, y muchos electores lo saben por lo que prefieren lo genuino y no lo otro, que no parece otra cosa que una mezcla de intento de ser centrista pero que sale fatal porque por las costuras mal cosidas sale el extremismo. Además, dentro de la formación está el sector ayusista que procede de la misma raíz de los que un día se salieron para montar Vox, un núcleo creado al abrigo de Esperanza Aguirre que, por otra parte, de vez en cuando aprovecha hasta para fustigar a Rajoy, sin que olvidemos al eterno salvador de la patria que es Aznar que un día acusa a Sánchez de manipular elecciones internas y externas y otro se viste de cruzado sin cruz del sionismo, dentro de la indudable renovación ideológica de la derecha española, ayer antisemita (y antimasónica) bajo unos fundamentos incomprensibles y hoy entusiasmada con la extrema derecha israelí.