La derecha al rescate del votante para la izquierda

Política

En distintas ocasiones he afirmado y vuelvo a hacerlo que existen muchos votantes tradicionales de la izquierda, no obnubilados por el creciente populismo de la extrema derecha, que terminan por sentirse cansados de los errores de la propia izquierda o que consideran que habría que hacer más e intensas políticas progresistas. En fin, por distintos motivos esa parte del electorado tiende en esos momentos a manifestar hastío y a practicar un retraimiento que puede traducirse en abstención en el momento de las elecciones. Eso es algo que la izquierda debe evaluar, en primer lugar, la moderada porque quizás hace o puede hacer muchas concesiones, pero también la menos moderada porque vive en el permanente cainismo que no cesa.

 

La izquierda debe evaluar que no se puede seguir esperando que la derecha la rescate, aunque eso viene funcionando desde hace veinte años, desde la primera victoria de Zapatero hasta ahora mismo. ¿A qué nos referimos? Pues cuando la derecha proclama su moderación, ¡zas!, alguien o un sector de la misma saca los pies del tiesto y aparece el rostro descarnado del radicalismo de derechas o de extrema derecha. El último caso ha sido con la cuestión del aborto y la presidenta Ayuso. Cuando muchas mujeres estaban enfadadas, y con muchísima razón, con determinados socialistas por presuntos casos de corrupción aliñados de un machismo detestable, y por eso, en algunas encuestas se había visto la caída del tradicional voto femenino al PSOE, llega esto de que las que quieran abortar en Madrid se vayan a otro sitio en un exabrupto insensible, reaccionario y nada propio de una cámara legislativa, y muchas mujeres, que siguen enfadadas con el PSOE, ven que sale a luz la tradicional falta de feminismo y sensibilidad que adorna a nuestras derechas desde tiempo inmemorial. Además, desde el sur nos llega el escándalo mayúsculo de los cribados. Si usted no puede abortar en Madrid, no se vaya a Andalucía porque puede que nunca le digan si padece un tumor. Todo esto demuestra que a la derecha, siempre con su discurso del patriotismo y sobre la apocalíptica destrucción de España por obra y gracia del concurso de nacionalistas catalanes, vascos y los socialistas, en realidad, le interesan muy poco los ciudadanos y ciudadanas, sin olvidar que las andaluzas serían muy alarmistas con esto del cáncer de mama y las mamografías, como ha dicho una responsable máxima de la sanidad andaluza hasta hace unos días, insensibilidad sobre insensibilidad, o deprecio sobre desprecio.

Pero quiero volver sobre lo que había expresado antes, sobre el hecho de que los socialistas no pueden seguir fiando su éxito electoral en las verdaderas “burradas” que salen entre las costuras mal cosidas de la pretendida moderación de los populares. Claro, es cómodo; es hasta entendible, y no debe dejar nunca de mostrarse el verdadero rostro que se esconde detrás de un líder menguante venido del noroeste e incapaz de dejar de ser prisionero del extremismo de propios y de los que están a su derecha. Insisto, es entendible, pero la izquierda tiene que buscar más alicientes, más energía, más comunicación, y la izquierda de la izquierda abandonar el aburrido e irritante, a la vez, espíritu de emulación sobre quien es más de izquierdas.