Al calor de la polémica sobre la declaración por parte del Gobierno de la Nación de la Real Casa de Correos, antigua sede de la Dirección General de Seguridad y desde la presidencia de Leguina, sede del Gobierno de la Comunidad de Madrid, como Lugar de Memoria Democrática, la presidenta Ayuso ha cargado contra dicha designación, demostrando su inveterada falta de empatía y su particular énfasis en recordar algunas cosas del pasado reciente de España para arrinconar otras. Alude, además a que eso vincula la sede del Gobierno de Madrid a solamente una parte de su historia. Sobre esto, basta recordarle que en la fachada se recuerda a los héroes del dos de mayo que allí lucharon contra las tropas de Murat, y a los héroes que se sacrificaron para salvar vidas en los atentados atroces de aquel infausto mes de marzo de 2004. Pero, estimada presidenta, además de ser sede de Correos desde los tiempos finales del despotismo ilustrado, fue un lugar de tortura afectando en la larga noche del franquismo a cientos y cientos de españoles, sí, cientos y cientos que merecen nuestro recuerdo y homenaje. Había cometido un terrible delito, luchar por la libertad, pero la de verdad.