Argumentos en favor de las vacaciones pagadas desde 1926

Historia

El Socialista publicaba un artículo de E. Ryser desde Ginebra en julio de 1926 en el que el autor consideraba que la cuestión de las vacaciones pagadas para los asalariados era una de las reivindicaciones inmediatas de los obreros organizados y, por lo tanto, para ayudar a los que luchaban por este derecho y “necesidad social”, ofrecía argumentos. Para ello se basaba en las actas de los “Derechos del Hombre” de M. Maurice Millaud, hijo del economista y profesor de Economía política en la Universidad de Ginebra.

 

En primer lugar, el autor consideraba que las vacaciones pagadas a los obreros debían ser una medida urgente a tomar, en función de una concepción moderna sobre las relaciones entre el capital y el trabajo, en un sentido más equitativo en relación con el reparto de su colaboración, y en función de derechos y necesidades recíprocas. Por eso parecía un deber asegurar una existencia conveniente a los trabajadores.

El informe recordaba la importancia de la legislación obrera como instrumento para poner término a los abusos que se cometían en el ámbito productivo, citando algunas de las disposiciones más importantes. Pero la política social no solamente debía tener una función protectora, sino que debía cumplir otros objetivos, y en relación con la previsión. Y así había surgido una política social constructiva que limitaba la jornada laboral, y había puesto en marcha los seguros sociales.

Partiendo de este preámbulo o contexto, el autor afirmaba que empleados, funcionarios, comerciantes e industriales disfrutaban de vacaciones, pero no los obreros. Solicitar que se estableciesen permisos anuales pagados suponía un ejercicio de equidad y de justicia, es decir, se relacionaba con un derecho que no poseían los trabajadores.

Hemos trabajado con el número del 27 de julio de 1926 de El Socialista.

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