La Guerra de Sucesión castellana

Historia

En realidad, lo más seguro es que Juana -conocida por sus enemigos como “La Beltraneja” fuera, efectivamente, hija de Enrique IV de Castilla, pero se convirtió en un pretexto para las luchas del poder que emprendieron los nobles contra el monarca. En ese contexto inestable otro personaje que parecía que podía ser un títere de la nobleza terminaría por ser todo lo contrario. Así es, Isabel aprovechó esta situación para conseguir ser la heredera al trono. Al final de todo este proceso cuando terminase la Guerra de Sucesión demostraría claramente que no estaba dispuesta, con el inestimable apoyo de su esposo, a compartir ninguna parcela del poder político.

 

En Castilla se instaló una suerte de incertidumbre, porque unas ciudades se decantaron por Isabel, mientras que otras se quedaron a la expectativa cuando el rey muere el 11 de diciembre de 1474. La nobleza y el clero se dividieron también. La cuestión también era compleja en el plano internacional. Cuando Isabel y Fernando se casaron en 1469, Francia y Portugal se alarmaron. Francia siempre había estado enfrentada a Aragón por Italia y no veía con buenos ojos que el futuro rey de Aragón se uniera con la heredera de Castilla porque eso fortalecía un poder en la península Ibérica que podía causar problemas a la política exterior francesa. Portugal, por su parte, tampoco veía, lógicamente, con buenos ojos ese poder. El rey Alfonso V se casó con la princesa Juana. Para defender sus derechos al trono castellano decidió enviar tropas en mayo de 1475, que es cuando, realmente estalló la guerra porque la nobleza castellana contraria a Isabel se manifestó claramente en rebeldía. Es significativo que el arzobispo Carrillo, en principio fiel a Isabel, se pasó al otro bando, seguramente porque era consciente que dicha princesa suponía un cambio muy importante en la concepción del poder monárquico. Francia tardó un poco en tomar una decisión porque siempre había sido aliada de Castilla, pero el matrimonio de Isabel con Fernando, como hemos apuntado, no gustó. Además, en ese momento Luis XI ocupó el Rosellón y se negó a devolvérselo al rey aragonés Juan II, como se lo pidieron Isabel y Fernando. En septiembre de 1475 la Corona francesa decidió apoyar la causa de Juana.

La guerra comenzó generando claras dificultades a la causa de Isabel, ya que las tropas portuguesas consiguieron apoderarse de Galicia y de parte de Extremadura, y penetraron en Zamora y Toro. Por su parte, los franceses atacaron desde el norte. Las tropas de Isabel tuvieron que reorganizarse, pero, sobre todo, consiguieron la importante ayuda del ejército aragonés. Fernando emprendió una intensa contraofensiva por Burgos y Zamora. Al comenzar el mes de marzo de 1476 tuvo lugar la Batalla de Toro, con una victoria sobre las tropas portuguesas, comenzando a inclinarse la situación del lado de Isabel. Además, el rey de Francia terminó retirándose del conflicto cuando Aragón renunció por el momento al Rosellón. En abril de 1476 se reunieron Cortes en Madrigal. A continuación, Isabel y Fernando decidieron organizar la ofensiva general, liderando cada uno una parte. Fernando pasó a Zamora, mientras Isabel aseguró su poder en Andalucía. En el verano de 1477 se reunían, precisamente, en Andalucía para concertar el acuerdo con Francia, que se firmaría en 1478.

La guerra terminaría definitivamente cuando el ya rey de Aragón, Fernando, derrotó a los partidarios de Juana en la Batalla de Albuera, cerca de Mérida. El 4 de septiembre de 1479 se firmó el Tratado de Alcaçovas, donde se reconocía como reina de Castilla a Isabel, mientras que Juana tendría que pasar a estar confinada en un convento en Coimbra, donde moriría en 1530. Además, se concertó el matrimonio del infante portugués Alfonso, hijo del príncipe heredero con la infanta Isabel. Por su parte, Castilla reconoció la expansión lusa en las costas africanas.