El laberinto

Historia

Al parecer, los antiguos denominaban laberintos a las galerías subterráneas con multitud de ramificaciones que dificultaban de forma evidente llegar a una salida. Solían ser tumbas. Al parecer el origen de esta concepción es egipcio.

 

El laberinto es símbolo de la búsqueda del conocimiento, lo que ya nos hace suponer su importancia para la masonería. El laberinto ejemplifica la lucha por alcanzar el centro iniciático a través de los viajes interiores por vías complicadas que son las que cada uno tenemos. Eso ya se puede interpretar en el laberinto de Creta, construido por Dédalo, donde Teseo buscó al Minotauro para matarlo. Así Teseo representaría ese viajero que a través del instinto divino es guiado por el laberinto de la vida venciendo al lado animal de su propia naturaleza. Por todo ello el laberinto se vincula en masonería a lo iniciático, el camino que debe emprender quien se inicia en masonería hacia el interior de uno mismo, hacia lo más misterioso e íntimo de nosotros. Ese centro es la logia invisible donde triunfa lo espiritual sobre lo material, la inteligencia sobre el instinto. En el propio templo masónico el ajedrezado central del pavimento representaría el laberinto.