Los antecedentes de la Commonwealth

Historia

En el plano internacional y en el ámbito anglosajón el período de Entreguerras vio el surgimiento de una Comunidad británica que tiene su importancia porque englobaría, en principio, a Estados de gran extensión y potencialidad económica, para luego a partir de las posteriores descolonizaciones agrupar a un sinfín de naciones en distintos continentes.

 

Ya en 1864 los representantes de las colonias británicas en Norteamérica, es decir, Nueva Escocia, Nuevo Brunswick y la Provincia Unida de Canadá comenzaron a plantear la necesidad de que se creara una especie de confederación autónoma para organizarse y defenderse ante un posible intento expansivo por parte de los Estados Unidos, pero, además, querían esa autonomía, curiosamente, para poder establecer relaciones comerciales con la potencia del sur. Los británicos terminaron por ser receptivos, teme rosos de que se iniciara un proceso de independencia, y por ello aceptaron las condiciones que se les plantearon en julio de 1867. Así surgió la Confederación canadiense, un Dominio que tenía plena autonomía en política interior y administración, aunque bajo la supervisión del Parlamento en Londres y con el establecimiento de un potencial veto de la Monarquía. La política exterior seguiría dependiendo del Reino Unido. Este sistema terminaría por ser implantado en Australia en 1901, Nueva Zelanda en 1907, Terranova (1907), Sudáfrica (1910) y el Estado libre de Irlanda en 1922, aunque, como es sabido, Irlanda se independizaría.

En los años ochenta del siglo XIX se estaba ya hablando de una comunidad de naciones, y se estableció un mecanismo de coordinación a través de conferencias periódicas de primeros ministros a partir de 1887. En 1911 se institucionalizaron como Conferencias Imperiales.