La Exposición Universal de Barcelona de 1888

Historia

La Exposición Universal de 1888 situó a Barcelona en el circuito de ciudades del mundo que celebraban estos eventos, tan propios de la época industrial como escaparate de los avances en todos los campos, y no sólo en los meramente económicos.

 

Dicha Exposición fue, en realidad, un acontecimiento influyente en cómo se desarrolló Barcelona en el final del siglo XIX. Permitió la urbanización de una enorme extensión de terreno.

La Exposición se inauguró el 11 de abril y duró hasta el 9 de diciembre. Asistieron más de dos millones de personas, una cifra muy considerable para 1888. Concurrieron veintidós países. La Exposición vino a culminar el intenso proceso de cambio económico que Barcelona había emprendido ya en el siglo XVIII. Pudo ponerse en marcha gracias a esa fuerza, de sus propias instituciones y de las buenas relaciones que sus autoridades tuvieron en ese momento con el Gobierno central de signo liberal con Sagasta al frente, durante su conocido como “Gobierno largo” de tantas reformas en sentido liberalizador del régimen de la Restauración.

La idea surgió por iniciativa del empresario gallego Eugenio Serrano de Casanova, pero fue consciente muy pronto que la magnitud del evento sería tal que no podía llevarlo en solitario. En ese momento, el alcalde Francisco de Paula Rius i Taulet, fue consciente de la importancia que suponía la celebración de una Exposición como escaparate de Barcelona. Buscó el apoyo de un grupo de empresarios, y formó el Comité de los Ocho, es decir, el propio Rius y Taulet, Elías Rogent, que actuó como director de las obras, Lluís Rouvière, como director de servicios públicos, Manuel Girona, el comisario en sí de la Exposición, Carles Pirozzini, secretario, y tres vocales, Manuel Durán i Bas, José Ferrer i Vidal y Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas. Se puso en marcha un periódico como órgano oficial del comité, que se tituló “La Exposición”, y que dirigió Salvador Carrera.

En principio, el evento estaba programado para 1887 pero hubo que retrasarlo al año siguiente, y aún así pudo parecer precipitado pero es que en 1889 iba a tener lugar la Exposición Universal de París, en la que, como sabemos, se levantó la Torre Eiffel.

La inauguración de la Exposición contó con la presencia no sólo de las autoridades barcelonesas, sino también con la del rey Alfonso XIII de dos años de edad, de su madre la reina regente María Cristina de Habsburgo-Lorena del presidente del Consejo de Ministros, Práxedes Mateo Sagasta, las autoridades religiosas, el duque de Edimburgo, y otras personalidades.

Durante el transcurso de la Exposición hubo un apretado calendario de actos, eventos, fiestas, conciertos, representaciones teatrales y de ópera, desfiles militares, procesiones religiosas, carreras de caballos, deportes, actos culturales como los Juegos Florales, y congresos científicos y humanísticos. Se da la circunstancia que en Barcelona tuvo lugar el primer Congreso del PSOE y el fundacional de la UGT.

Además de las obras que se realizaron en la Ciudadela, hay que citar la importancia del Arco del Triunfo, un monumento que se creó para la ocasión y que permanece en su lugar original, diseñado por José Vilaseca. Se trata de una obra de inspiración neogótica, de treinta metros de altura y con mucha decoración escultórica alegórica, donde participaron distintos autores, como Josep Llimona, Antoni Vilanova, Torquat Tasso, Manuel Fuxá y Pere Carbonell. Hay alegorías a las Ciencias y las Artes, también de la Industria, la Agricultura y el Comercio, esculturas femeninas para las Famas, etc. Después se trazó el Salón de San Juan, que hoy es el Paseo de Lluís Companys, con distintas estatuas de bronce que representaban personajes fundamentales de la historia catalana. La estatua dedicada a Casanova se trasladaría en 1914 a su lugar actual, en la Ronda de San Pedro. Algunas estatuas fueron fundidas en la época franquista para la imagen de la Virgen de la Merced en su basílica. La de Pau Claris, guardada en un almacén municipal, fue reinstaurada con el regreso de la democracia.

Por otro lado, Barcelona mejoró con la Exposición, y no sólo en el entorno de la Exposición, en el parque de la Ciudadela, sino también con la urbanización del frente marítimo de la ciudad, la construcción del Paseo de Colón, del Moll de la Fusta, la construcción del Palacio de Justicia, y la propia construcción del monumento a Colón. Además, se potenció la iluminación eléctrica urbana y se instituyó el conocido servicio de “Las Golondrinas”, embarcaciones de recreo que salían frente a la estatua de Colón y hacían un recorrido marítimo por el puerto.

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