Las ventajas de la jornada de las ocho horas en Turati
En estos tiempos en los que de nuevo existen sectores políticos y económicos contrarios a la reducción de la jornada laboral, como los hubo cuando se implantó la jornada de ocho horas, recurrimos al socialista Turati en parte de un texto que Acción Socialista publicó en mayo de 1914.
En el mismo explicaba que las máximas ventajas de las ocho horas estaban en el “campo moral”, y por esa vía conducían a la “redención económica”. Y por eso se temía a la jornada de las ocho horas. Turati citaba a Guizot cuando, al parecer, expresó que el trabajo era un freno y el trabajo demasiado prolongado postraba, deprimía y embrutecía. Era el mejor de los “guardias civiles”.
Pero también estaban las ventajas en la “higiene”. Los Congresos de higienistas defendían la jornada de ocho horas. Los contrarios decían que con las ocho horas el obrero iría más a la taberna. Pero Turati exponía el caso de los taberneros de Melbourne que estaban en contra de la reducción de la jornada laboral porque el organismo no exhausto no tenía necesidad de tomar alcohol.
Pero, además, la jornada laboral de ocho horas resurgía la “familia”, que el capitalismo había destruido.
Con las ocho horas se restauraba la verdadera “democracia” porque proporcionaba tiempo al pueblo para instruirse y para ocuparse de las cuestiones públicas. El primer deber de los demócratas, por lo tanto, era conseguir la reforma de la jornada laboral.
La reducción de la jornada no sería un obstáculo para el principio de la libertad contractual porque Turati se preguntaba con indignación qué libertad tenía el trabajador fuera de la de sufrir los contratos (“pactos”) que le ofrecían.
Por la jornada laboral de ocho horas podría desarrollarse la solidaridad. Los trabajadores agotados no asistían a reuniones donde se discutían sus intereses, muy en la línea de lo que explicábamos al principio sobre el trabajo embrutecedor como freno para la adquisición de la conciencia de clase.