Consejos para una sociedad obrera nueva: el caso de los repartidores madrileños de prensa (1901)
En muchas ocasiones hemos insistido en la importancia que el socialismo español dio siempre a la organización en sí, ya fuera partidaria ya sindical, y cómo se preocupó mucho de ofrecer ideas y recursos para aconsejar cómo debían establecerse y prosperar. En este caso estaremos a principios del siglo XX en Madrid en la recién creada Sociedad de repartidores de periódicos.
En diciembre de 1901 se dio una reunión en la que participó Pablo Iglesias y otros sindicalistas para mostrar a los asociados de esta Sociedad las ventajas, precisamente, de la asociación, insistiendo en lo necesitados que estaban en ese momento los trabajadores de la organización obrera. Toda organización nueva tendría como primer objetivo más que reivindicar, fortalecerse y arraigarse. Por eso, parecía indispensable calmar durante un tiempo los deseos de obtener mejoras. Para conseguir la estabilidad había que educar a los afiliados en los asuntos obreros, es decir, formar a los militantes, pero también vigilar que se cumpliesen debidamente los deberes societarios que imaginamos eran pagar las cuotas, y asistir a las reuniones, asambleas y mítines, etc. Un tercer medio era el fomento del compañerismo y la fraternidad. Por fin, parecía fundamental exigir disciplina que era un requisito indispensable para los socialistas a la hora de organizarse para luchar. La disciplina tendría que ver, desde nuestra interpretación, con el acatamiento de las decisiones tomadas democráticamente.
Hemos trabajado con el número del 20 de diciembre de 1901 de El Socialista.