La crítica socialista española a la masonería a fines del XIX

Historia

Llevamos un tiempo estudiando la cuestión de la masonería desde el socialismo español y vamos encontrando más materiales para completar un estudio que queremos que sea en un futuro no muy lejano una monografía.

 

En esta pieza nos interesa un trabajo publicado en El Socialista en su número del 21 de octubre de 1892 en la sección “la semana burguesa”, a cuenta de un artículo que publicó el periódico masónico “La Antorcha Valentina” que había dedicado a los socialistas, no siendo la primera vez que ambas publicaciones habían entrado en debate.

El artículo del periódico obrero incidía en un conjunto de críticas sobre lo que era y representaba la masonería que nos ayuda a entender las dificultades que la misma tuvo con el movimiento obrero, en una relación un tanto ambivalente, ya que no pocos socialistas fueron también masones.

En principio, el socialismo español consideraba a la masonería como una institución arcaica y llamada, por lo tanto, a desaparecer. Es más, casi habría desaparecido porque la existente sería un remedo. La masonería habría tenido un sentido cuando no había habido libertades políticas, sin derechos individuales consignados en las leyes. Los que deseaban esas libertades y esos derechos necesitaban reunirse de forma clandestina y rodearse de signos, toques, etc, es decir, de todo género de precauciones para librarse de la policía y de los traidores. Así pues, los socialistas valoraban a la masonería como una organización clandestina que habría luchado por las libertades.

Pero, una vez alcanzadas dichas libertades en mayor o medida, es decir, habiendo libertad de asociación, de reunión y de imprenta, el carácter secreto y misterioso de la masonería ya no tenía sentido ni razón de ser. Así lo reconocían los propios masones y por eso no ocultaban su filiación y muchos de los actos que la masonería realizaba eran públicos, y las obediencias masónicas (Orientes) registraban sus estatutos ante las autoridades sujetándose a lo establecido en la Ley de Asociaciones.

Lo que habría ocurrido era, siempre según la interpretación del periódico obrero, que siendo la masonería un producto de otro tiempo y de otras costumbres, y queriendo sus partidarios adaptarla a las necesidades modernas en vez de disolverla, habría intentado dar otro giro a sus tendencias, conservando, por respeto a la tradición, sus ritos e indumentaria, pero eso había resultado un conjunto que se calificaba de carnavalesco con mandiles, mazos, columnas, aras, etc, y los signos, toques, palabras de paso, cadenas místicas y demás que nada significarían y que se prestaba “a la chacota”.

Pero lo principal era que la masonería no era una institución realmente democrática porque sus miembros estaban divididos en grados, que se adquirían como en la sociedad profana, por favoritismo y hasta por dinero, con tarifa incluida. No valía con afirmar que dentro de la orden todos eran iguales, hermanos, y no valía porque para desempeñar ciertos cargos era necesario tener determinados grados.

La masonería iba a la zaga de algunos políticos burgueses y, por supuesto, del partido socialista. No se había desembarazado de algunos prejuicios. El socialismo proclamaba la igualdad política y económica de los dos sexos, pero la masonería hablaba de dignificar a la mujer de la misma forma vaga que hablaban los políticos burgueses, y en su seno no la admitían más que en talleres aparte y con muchas restricciones.

Pero, además, la masonería no se había podido desprenderse de la fórmula deísta “A la Gloria del Gran Arquitecto del Universo” y había rituales masónicos que reconocían la existencia de un ser supremo. --Por otro lado, la masonería reconocía y defendía la propiedad privada individual. Todo lo que había hecho había sido discutir sobre la armonía entre el capital y el trabajo, e intentar establecer cooperativas.

Así pues, era una institución arcaica, obsoleta, hasta ridícula, no democrática, con un componente religioso, defensora de la propiedad y que no trabajaba por la igualdad entre los sexos. Esta visión completaría la que estudiamos en otro momento sobre la imposibilidad de la fraternidad masónica desde la perspectiva socialista, solo posible entre miembros de una misma clase.

Seguiremos.

Este sitio utiliza cookies. Al seguir navegando entiendo que aceptas mi política de cookies.
Más información Entendido