Los socialistas italianos contra la masonería
En el seno de las formaciones socialistas la masonería fue un asunto ambivalente porque, por un lado, se acusaba a la orden de ser una organización obsoleta y donde era imposible que reinase la verdadera fraternidad, asociada a una cuestión de clase, pero, por otro lado, siempre hubo destacados socialistas que fueron masones.
El socialismo francés sería el menos hostil, mientras que el español, aun siendo crítico en el siglo XIX terminó por ser muy permisivo con sus afiliados, tanto que hasta en la reactivación del antimasonismo que se dio con el radicalismo de mediados de los años treinta del siglo XX por influencia comunista, tampoco se llegó a una condena oficial de la masonería ni a impedir la doble afiliación, algo más propio de los comunistas desde las directrices emanadas por la III Internacional. En todo caso, el partido socialista italiano fue el más contrario a la masonería, seguramente de todos los miembros de la familia socialista europea.
En el Congreso socialista de Milán de octubre de 1910 se planteó la incompatibilidad teórica entre socialismo y masonería, habida cuenta de que había muchos socialistas que eran también masones, como ocurría con la figura de Andrea Costa, uno de los fundadores del socialismo italiano, aunque fallecido ya en ese año. Se estaba señalando que los miembros del partido se salieran de las logias o que informaran al mismo de su filiación masónica.
En 1912 el Congreso del PSI de Reggio Emilia ya debatió claramente la incompatibilidad entre las dos organizaciones, la socialista y la masónica. Dos años después, en 1914 el Congreso de Ancona fue más lejos aún porque aprobó la expulsión del partido a quien siguiera siendo masón. En dicho Congreso se aprobó la resolución que consideraba la masonería como promotora de “mescolanzas y contubernios” políticos que se consideraban perjudiciales para el partido socialista.