La incomprensión sobre la izquierda a cuenta del caso austriaco en 1927
Otto Bauer publicó un artículo en 1927, que fue traducido al español en El Socialista (número del siete de agosto de ese año) en relación con la violencia y la democracia a cuenta de la polémica que se había suscitado en el parlamento austriaco sobre el Programa de Linz del partido socialdemócrata austriaco. Creemos que es muy sugerente que nos acerquemos al mismo, más allá de la coyuntura política de ese momento en Austria antes justamente de la deriva autoritaria del país en los años treinta. Quizás se puedan sacar algunas sugerentes reflexiones para nuestro presente, con cuidado, eso sí.
Bauer aludía a que en una discusión parlamentaria uno de los ministros había expresado que no le extrañaba que la burguesía estuviera intranquila cuando se amenazaba como habrían hecho los socialdemócratas en Linz, donde se acababa de realizar un Congreso y donde, como sabemos, se había aprobado un Programa político.
Bauer quedó sorprendido sin entender nada, pero reflexionando entonces se dio cuenta que no se había entendido nada de lo que pretendía el socialismo.
Y el artículo versaba, precisamente, sobre lo que pretendía el socialismo democrático. El proletariado había luchado siempre por la democracia, y las conquistas de derechos en Austria se habían alcanzado por el concurso del socialismo, en lucha contra las clases y partidos que en el presente se consideraban como guardianes y defensores de la democracia en contra de los trabajadores. Esto me suena.
Pero después de muchos años de lucha, Bauer exponía como en gran parte de Europa la democracia se había convertido en una modalidad de dominio de la burguesía, y ponía muchos ejemplos, especialmente de la Europa central. La consecuencia de esos hechos que iban en contra de los trabajadores, como la supresión de la jornada de ocho horas, dictaduras militares, etc., había hecho que esos trabajadores se distanciaran de la democracia. La tentación que había supuesto la experiencia revolucionaria rusa había dividido a la clase obrera en todas partes, escindiendo a los partidos socialistas, es decir, estaba aludiendo al surgimiento de los comunistas. Así pues, se había planteado la disyuntiva entre democracia o dictadura. En Austria esa disyuntiva se habría producido en 1919, aludiendo a la grave crisis política y socioeconómica de la posguerra.
Los socialistas austriacos habían ido a Linz a resumir las experiencias del proletariado desde el fin de la Gran Guerra, “tan llenos de enseñanzas” y formular un nuevo programa. Pero ese programa no se habría elaborado para ganar unas elecciones o para actuar en una legislatura, sino para servir de guía a la socialdemocracia austriaca durante años. Y al tratarse había vuelto a aparecer la disyuntiva entre democracia y la dictadura. Bauer había intervenido en el Congreso dos veces. En sus discursos había tenido presente la socialdemocracia alemana, el laborismo inglés y el bolchevismo ruso, acordándose, además, de la lucha entre socialistas y comunistas y de las revoluciones pasada y en las enseñanzas que podían sacarse de las revoluciones modernas. Se acordó de Víctor Adler y de Lenin, pero en su mente nunca había tenido presente a ningún miembro del Gobierno federal austriaco. La burguesía austriaca se había creído que en Linz se había hablado para amenazarlos cuando lo que se pretendía era ocuparnos de un “problema universal del socialismo”. En 1919 la socialdemocracia austriaca rechazó la tentación revolucionaria violenta que se había producido en Múnich y en Hungría. Los socialistas austriacos afirmaron que rechazaban los medios violentos, y prefirieron seguir el camino de la democracia. Desde entonces el proletariado internacional había vivido muchas experiencias. Si en 1919 la socialdemocracia austriaca se había defendido de la tentación de recurrir a la violencia, a mediados de los años veinte se había reafirmado el principio democrático. Y esta es la parte que puede interesarnos en nuestro tiempo. La socialdemocracia quería, y así se expresó en Linz, la conquista del poder por medios democráticos, pero, además, estaba dispuesta a defender la República contra toda tentación fascista (y monárquica, entendiendo el contexto austriaco). Se buscaba el poder sin recurrir a la violencia y ejercerlo “bajo todas las garantías democráticas”.
Hoy las circunstancias son distintas, pero también es cierto que se acusa a la izquierda de combatir la democracia, un argumento que escuchamos y que intenta calar, con éxito, en la opinión pública, aunque sea de una frivolidad extremadamente peligrosa. Hoy está creciendo esa incomprensión que tuvo lugar en los años veinte en Austria hacia el socialismo democrático, esa misma que fue el caldo de cultivo para que las derivas autoritarias terminaran por destruir la democracia en aquel país unos pocos años después. Insisto en que no me gustan las aplicaciones automáticas del pasado al presente, pero es interesante observar cómo la incomprensión del pasado llevó a la dictadura. Algo que me hace pensar.