El taller y el panorama desolador del trabajo

Historia

En esta pieza reflexionamos sobre las ideas de José Alcina Navarrete sobre lo que denominó, “la inquietud del taller” en un artículo que publicó Vida Socialista el 23 de junio de 1912. Alcina Navarrete fue un valenciano, entre su capital y Alcoy, y que desarrolló una gran actividad como escritor y periodista, publicando en muchos medios valencianos, y Vida Socialista. En la Guerra no dejó de trabajar en lo que bien sabía. Sería detenido al terminar la contienda y fusilado en 1940.

 

Para nuestro escritor levantino la vida en los talleres y fábricas era un espectáculo doloroso, tan desconsolador que la primera impresión era la de que parecía imposible que con el tiempo pudieran alcanzar “el triunfo de su bienestar los eternamente explotados”. El autor consideraba que por causas que no parecían fáciles de entender, los que trabajaban, en vez de unir sus instintos rebeldes y coaligarse contra el enemigo, no hacían más que atacarse entre sí y esperar cualquier desliz o falta grave del compañero para mofarse y hacer más penosa la situación del caído. Consideraba que no estaba exagerando y esta realidad podía comprobarse si se visitaba un taller en plena faena. Estaba observando una gran rivalidad en el trabajo, pero con el fin de humillar al compañero. Esto tendría dos resultados funestos. En primer lugar, esta rivalidad solamente beneficiaba a la caja del patrono y que se realizase más labor que la habitual, pero, en segundo lugar, que los obreros, por este mal interpretado orgullo, se convertían en enemigos implacables cuando debían ser leales camaradas.

De todo esto resultaba que los explotadores alargasen durante más tiempo su dominación. Alcina Navarrete pintaba un panorama tremendo, si se nos permite la calificación, donde solamente habría adulación a los encargados, o trabajadores dedicados a anotar las faltas de sus compañeros para ir con el soplo a los superiores. Eso provocaba que cuando se hacían campañas para inculcar un espíritu de lucha muchos contestasen con ingenuidad que siempre el pobre habría de trabajar para comer y que las sociedades de resistencia no eran más que antros de vividores.

Interpretamos esta diatriba como un intento de promover la conciencia de clase entre los trabajadores.

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