Los socialistas, las alianzas políticas y la masonería a fines del XIX

Historia

Como es sabido, el socialismo español desarrolló durante una larga etapa desde su fundación hasta la Semana Trágica de 1909 una estrategia política claramente obrerista y enfrentada a las opciones políticas republicanas al considerar que los republicanos por muy avanzados que fueran en sus propuestas frente al sistema de la Restauración, representaban a la burguesía. El proletariado solamente alcanzaría su emancipación a través de un partido obrero, que era el único que podría representar sus intereses en la lucha de clases. En este sentido, y en otros trabajos, hemos contextualizado la primigenia crítica que el socialismo hizo a la masonería.

 

Precisamente, este artículo versa sobre un caso concreto que ilustra la crítica tanto a los republicanos como a la masonería española desde el PSOE.

A finales del verano de 1893 la destacada publicación masónica La Antorcha Valentina se felicitó por los recientes triunfos socialistas en Francia, añadiendo una especie de consejo en clave española al afirmar que el Partido Socialista debía rectificar su forma de proceder por la crítica feroz (“guerra implacable”) que realizaba hacia los partidos republicanos porque, además, no le había reportado ningún beneficio electoral, aludiendo, efectivamente, a que el PSOE no conseguía diputados. Había que seguir, por lo tanto, otro camino.

El Socialista se encargó de contestar y comentar esta aportación masónica desde su número del 29 de septiembre de 1893, ilustrando la tesis que venimos estudiando en nuestros trabajos.

Para los socialistas la publicación masónica había hecho un análisis muy ligero de la realidad. Si los socialistas franceses y alemanes habían conseguido éxitos electorales había sido, precisamente, por actuar solos, sin alianzas con otras fuerzas. En este sentido, debemos recordar nosotros, cómo desde la Segunda Internacional se condenaban las alianzas, eso sí, entablando un intenso debate interno. Los socialistas españoles fueron siempre fieles a la postura internacionalista contraria a las alianzas con los republicanos. En consecuencia, el periódico obrero se preguntaba qué sentido tenía hacer ese tipo de recomendaciones al Partido Socialista.

Los socialistas aprovechaban para calificar a la masonería como una institución arcaica y que parecía que buscaba en el socialismo la savia que le faltaba, creyendo que con ello atraería a las masas obreras. Eso podría valer en esa institución, que era calificada como un “pot-pourri”, frente al Partido que tenía un programa propio y una aspiración “clara y perfectamente definida”.