Laicismo y anticlericalismo en el socialismo francés (1929)

Historia

En el Congreso de Nancy de la SFIO de 1929 se trató de la relación del laicismo y el anticlericalismo con el socialismo. Vamos a repasar lo que allí se resolvió.

 

El partido socialista francés era un partido defensor del laicismo y la libertad de conciencia. Reconocía en cada individuo el derecho de creer o no creer, de practicar o de abstenerse de toda práctica religiosa. El socialismo francés declaraba que la libertad de todas las creencias, de todos los cultos, recordando a Jaurès, era un artículo fundamental del programa republicano y socialista. La religión era un asunto privado que no dependía ni debía depender mas que de la conciencia personal. El Estado no debía intervenir ni para destruirla o atacarla ni tampoco para imponerla o propagarla.

Así pues, del principio de la libertad de conciencia se derivaba la neutralidad necesaria del Estado en materia filosófica y religiosa. Esa neutralidad encontraba su expresión en la separación absoluta de las Iglesias y del Estado. En el Congreso se reconocía la contribución del socialismo en Francia a esta conquista, y que había que seguir manteniéndola y defendiéndola contra los “retornos ofensivos” del clericalismo.

Los socialistas franceses consideraban que toda la evolución de la Historia que había liberado la ciencia, el Estado y la sociedad de la tutela de la Iglesia había constituido convertirlos en organismo laicos, es decir, solamente sujetos a las reglas de la razón. En esa misma se consideraba que la democracia no se podía justificar sino por el laicismo, un acto de confianza en la razón humana.

El partido socialista reconocía que en su trabajo diario encontraba a la Iglesia hostil. Además, y en línea con el anticlericalismo de signo socialista, se consideraba que el capitalismo había puesto su poder al servicio de las pretensiones clericales. En ese mismo sentido, la Iglesia habría puesto el suyo al servicio del capitalismo. Por eso se hallaban estrechamente unidos en una resistencia común contra las aspiraciones populares, como se veía en Italia, pero también en Francia. Ambos buscaban la conquista del poder político, influir con sus intereses comunes en los Gobiernos, las asambleas, la prensa y el cuerpo electoral, sin olvidar su presión y la sumisión a la que sometían a los individuos y familias. Por todo eso, por lo doctrinal pero también por lo político, el socialismo francés sería anticlerical, en un sentido estricto del término, esto es, opuesto a las intromisiones de la Iglesia. El socialismo francés era anticlerical en cuanto hallaba a la Iglesia en todas las empresas de la reacción política y el conservadurismo social. El anticlericalismo no era persecución sectaria, sino defensa de la libertad para todos, y protección contra las fuerzas coaligadas de la coerción.

En consecuencia, el partido socialista francés era contrario al que consideraba como anticlericalismo aparente que intentaba desviar la atención de los problemas sociales, en una alusión que nos recuerda lo que el socialismo español siempre explicó sobre sus diferencias con el anticlericalismo de los republicanos y librepensadores. Para el socialismo la batalla laica era inseparable de la batalla social.

Por eso, se tomó la resolución de defender con vigor y pasión y contra todas las amenazas las instituciones del laicismo. La separación de la Iglesia y del Estado debía extenderse a toda Francia, refiriéndose al caso de Alsacia y Lorena. Además, todavía parecía incompleta la laicización total de los servicios públicos. También se criticaba al Gobierno de ese momento porque se negaba a aplicar las leyes laicas, un hecho que no debía tolerarse, aludiendo, además, a unas recientes disposiciones en favor de las congregaciones misioneras y asociaciones diocesanas porque alteraban las leyes de 1904 y 1905. Debían, en conciencia, ser anuladas.

La acción de los socialistas debía demostrar la firmeza laica del partido.

Hemos trabajado con el número del 20 de junio de 1929 de El Socialista.

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