Historia

Mazo y masonería

Aunque en alguna ocasión hemos estudiado el mazo en masonería, hoy queremos ir directamente a las fuentes:

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Una visión antimilitarista del socialismo noruego en 1916

El Partido Laborista Noruego fue claramente contrario a la Gran Guerra y se destacó en el mantenimiento del antimilitarismo que había imperado en la Segunda Internacional pero que fracasó al estallar el conflicto. Además, en 1918 la formación se acercó a la III Internacional, aunque luego en 1921 se desvinculó.

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Los socialistas contra la intervención rusa en Persia (1910)

Persia fue un territorio intensamente disputado por Rusia y Gran Bretaña, dentro de las coordenadas de lo que se conoce como el Gran Juego. En todo caso, a finales del siglo XIX, Persia vivió un cambio político importante con una Revolución Constitucional, que permitió instaurar ya en el siglo XX una monarquía constitucional, dotándose el país de una constitución y de un parlamento, la Asamblea de Consulta Nacional.

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El laborismo y la defensa de la democracia en el proceso transformador

El destacado socialista catalán Antonio Fabra i Ribas fue uno de los mejores conocedores del laborismo británico. Escribió un libro, al respecto, y algunos artículos en prensa, además de impartir conferencias en los años veinte cuando el PSOE sintió un vívido interés por la alternativa laborista al modelo soviético de dictadura del proletariado.

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Fernando de los Rios: intelectuales y obreros

Seguimos con nuestro interés sobre cómo se conjugó la relación entre intelectuales y obreros en el movimiento obrero socialista. En esta pieza nos acercamos a Fernando de los Ríos que en el verano de 1919 había realizado un viaje por Inglaterra y Francia, siendo entrevistado a su vuelta por la redacción de El Socialista.

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La UGT y los intelectuales en 1920

La cuestión de la relación entre el trabajado manual y el trabajador intelectual en el seno del movimiento obrero socialista español necesita un trabajo monográfico porque generó un intensísimo debate entre el siglo XIX y XX. ¿Eran los intelectuales trabajadores como los obreros y, por lo tanto, explotados y, en consecuencia, debían desarrollar la conciencia de clase con los trabajadores manuales en la lucha sindical y política?, ¿los intelectuales entendían la cuestión obrera o desarrollaban un cierto paternalismo a pesar de que pudieran desarrollar ideologías digamos “progresistas”?, ¿desconfiaban los trabajadores manuales de los intelectuales porque sus tareas no eran, en principio, tan duras como las que se desarrollaban en fábricas, talleres, campos o minas?, y así se podrían plantear muchas más preguntas. Es evidente que, al final, muchos intelectuales en España ingresaron en las filas socialistas y aportaron su saber y sus análisis.

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Constantin Pecqueur

Constantin Pecqueur (1801-1887) fue sansimoniano pero también seguidor de las teorías de Fourier. Colaboró con Louis Blanc en la Revolución de 1848, y publicó entre 1849 y 1859 la revista Le Salut du Peuple, aunque luego se apartó de la vida pública. Las obras que publicó, al parecer, no tuvieron una repercusión inmediata, pero Marx las leyó y las empleó en las suyas.

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Socialdemocracia británica

En 1881, Henry Hyndman creó la Democratic Federation (Federación Democrática), aunque con el tiempo cambiaría su denominación por la de Social Democratic Federation (Federación Social Democrática). Esta organización editaba Justice, el que puede ser considerado el primer periódico socialista británico, y que editaba Henry Hyde Champion, un activo socialista, que luego estaría en la fundación del Partido Laborista Independiente y que terminó residiendo en Australia. También sería editor Ernest Belfort Bax, personaje destacado del primer socialismo británico. Belfort leyó El Capital de Marx, que le cambió, en cierta medida, la vida. En 1878 escribió una interesante biografía y estudio de Marat. Escribió muchas obras sobre filosofía, historia, socialismo y la Revolución Francesa. Curiosamente, se destacó contra el feminismo. En este sentido, publicó en 1896 The Legal Subjection of Men, en alusión a la obra de Stuart Mill, The Subjection of Women (1869). Belfort empleaba su experiencia como abogado para demostrar que las leyes beneficiaban a las mujeres frente a los hombres y los niños. Muchos de los capítulos del libro desarrollaban los privilegios que habrían conseguido, supuestamente, las mujeres. En la destacada revista literaria The New Age publicó muchos trabajos de un acusado antifeminismo. Belfort se inició en el socialismo en su viaje a Alemania donde estudió filosofía a finales de la década de los años setenta.

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Los socialistas ricardianos

En los inicios del siglo XIX surgió un conjunto de pensadores en Gran Bretaña que podemos calificar de teóricos socialistas y que Marx bautizaría como “socialistas ricardianos” en su obra Miseria de la Filosofía (1846), y que luego Engels trataría en el prefacio de la edición que salió en 1883. Marx consideraba que este grupo de pensadores británicos se había inspirado en David Ricardo, especialmente en su teoría del valor, que se creaba a partir del trabajo, por lo que, en consecuencia, el mismo tendría todo el derecho a recibir lo que producía.

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El socialismo cristiano francés

En Francia destacaría en el seno del socialismo cristiano la figura de Félicité Robert Lamennais (1782-1854), que fue filósofo, teólogo católico y un pensador que desarrolló el catolicismo liberal, condenado por las encíclicas Mirari vos (1832) y Singulari Nos (1832). Lamennais pensaba que podría alcanzarse la justicia social dentro de los principios de la cristiandad. Sacó un periódico, L’Avenir (El Futuro), que llevaba el significativo subtítulo de “Dios y la Libertad…l Papa y el Pueblo”. El problema era, como ya hemos apuntado más arriba, que Roma no estaba en esa línea, procediendo a la excomunión. En el año 1834 publicó Palabras de un creyente, con el que claramente se selló la separación con el papado. En 1840 publicó, La moderna esclavitud. Lamennais consideraba que la propiedad privada era la principal causa de la miseria, y entendió que el asociacionismo obrero era el medio para conseguir la igualdad de los bienes.

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El socialismo en la Revolución francesa

La igualdad fue un principio que la burguesía revolucionaria francesa hizo acompañar a la libertad por dos motivos. En primer lugar, porque se estaban criticando los privilegios y el principio de la desigualdad ante la ley que eran los pilares de la sociedad del Antiguo Régimen. Pero también porque buscaba el apoyo popular para terminar con ese orden, considerado ya caduco, pero que se resistía a morir y que tenía, además poderosísimos apoyos más allá de las fronteras francesas. Pero la incorporación del principio generó de inmediato un problema, y que pasaba sobre la interpretación del mismo. La libertad era un principio muy claro, pero la igualdad podía ser interpretada tanto como un principio en relación con la ley, pero también con una dimensión social. La Asamblea Constituyente dejó muy claro que la igualdad tenía que ver con la primera de las alternativas porque, a continuación, reconoció la propiedad como un derecho fundamental.

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Fourier

Charles Fourier (1772-1837) imaginó una sociedad ideal de comunidades de hombres y mujeres, a la que denominó falansterios. Serían poblaciones con 1.600 habitantes, entre los que se distribuirían las funciones y trabajos alternativamente, para evitar la excesiva especialización, es decir, que se combinaba la comunidad en sí de residencia, como la producción y el consumo. En los falansterios se respetaría la propiedad privada y el derecho de herencia, pero los instrumentos de producción serían comunes, empezando por la tierra. Los falansterios serían grandes edificios, que recuerdan los palacios barrocos, en cuya parte central se encontrarían las dependencias para las funciones comunes, como los comedores, las salas de estudio, biblioteca y salas de reuniones y para asambleas. En un ala estarían los talleres y cocinas, y en la otra los baños y los espacios para las relaciones con las personas del exterior. Los falansterios debían contar con jardín de invierno, teatro, iglesia, depósitos y establos. Todo estaría comunicado a través de grandes galerías que facilitarían las reuniones y la circulación de las personas. En otros lugares de las alas estarían las viviendas.

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